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lunes, 31 de marzo de 2014

Juan Pablo en la Estrella

Este Santo observa desde la esquina. Sin darte cuenta, entras en la capilla y te chocas con él. Él te mira desde que entras. Subido en un pequeño altar, en un sillón papal, él vive el día a día de un barrio que sigue a su Estrella. Desde su lado escondido, ve las caras de aquellos que buscan la Luz en una Cara de porcelana.

Pero ayer no se lo creía. Le habían explicado cientos de veces lo que era la religiosidad popular, e incluso, él la había vivido. Pero a este Papa ayer casi se le saltan las lágrimas. No se creía lo que se formó en torno a la Virgen de la Estrella. Colas, incienso, carritos, bebés, niños corriendo, padres, madres, abuelos, abuelas, estampitas, marchas como Pasan los Campanilleros, fotos, miradas, besos, rezos…Este Papa aprende poco a poco cómo se vive el sentimiento religioso en esta ciudad. Lo mismo hay silencios que bullas. Lo mismo hay salves a viva voz que rezos entre labios. Lo mismo hay bebés llorando que señoras mayores mirando a su Estrella. Este Santo poco a poco se va uniendo al barrio y disfruta como uno más. Ante tantas malas noticias, las cuales nos inundan todos los días; ayer Triana radiaba de alegría. Y eso lo notó este Santo que lo elevarán dentro poco a los altares. A Juan Pablo se lo han ganado poco a poco los vecinos y ya es uno más. Ayer disfrutaba observando a aquellos que fueron a ver a la Estrella y, dentro de poco, él mismo la disfrutará en su paso de palio esperando el Domingo de Ramos. 

Juan Manuel Luna Cruz

jueves, 27 de marzo de 2014

Cuaresma íntima

Cristo del Mandato de Santa María la Blanca
 Nadie duda de la religiosidad popular en Sevilla, sobre todo, del papel activo de sus hermandades y cofradías; las cuales llegan a parar durante una semana la vida de una ciudad. Nadie puede dudarlo, y el que lo haga: simplemente no vive la realidad.


La Cuaresma va pasando con mucha rapidez. Hace poco nos poníamos la ceniza en la frente y hoy ya vemos pasos montados en las distintas iglesias. En un suspiro, todo habrá pasado y nuestras imágenes volverán a los altares donde nos esperan siempre. Sin embargo, en todo ese tiempo loco que se llama Cuaresma y Semana Santa se escapan también muchos detalles a los que no echamos cuenta porque nos volcamos más en cultos de hermandades conocidas, en actos extraordinarios o en la vida diaria de nuestras cofradías. Me refiero a que se nos escapan los pequeños cultos que se organizan en templos donde no hay hermandades. Por ejemplo, la Parroquia de San Bartolomé organiza todos los viernes de este tiempo litúrgico un Vía Crucis por el interior del templo. Además, esta semana sacará por la feligresía al Cristo de las Ánimas, una desconocida y hermosa obra del siglo XVI. Unos metros más en dirección Puerta de la Carne, en Santa María la Blanca, mañana vuelve después de una restauración el Cristo del Mandato, que también recorrerá las naves de esta iglesia barroca. Omnium Sanctorum asimismo tendrá el sábado su Vía Crucis con el Cristo de la Buena Muerte.
Escuela de Cristo

Y el Jueves Santo se instalan los Monumentos. Son los grandes olvidados. Nadie se percata de ellos. Hace 3 años, mi amigo Manolo Rodríguez y un servidor, viendo que ninguna cofradía salía, nos decidimos darnos una vuelta, ver la Ronda de los Armaos y visitar los Monumentos. Fue una auténtica delicia ver cómo las monjas de clausura y las parroquias instalan los Monumentos. Uno descubre las joyas escondidas que hay en los conventos de la ciudad. La exquisitez y el sumo cuidado predominan en este altar efímero de Sagrarios Pobres, como los definió Joaquín Romero Murube. Dios se halla presidiendo el lugar y hay que cuidarlo ya que es el día en el que se instituye la Eucaristía. Les recomiendo disfrutar de estos detalles que nos regalan estos lugares donde no hay cofradías, ni pasos, ni nazarenos, ni bandas. En ellos también se vive la Cuaresma y la Semana Santa, de igual forma que en la calle cuando sale un Vía Crucis de una hermandad o es la Función Principal de otra. Son lugares donde uno encuentra esa Cuaresma íntima alejada del bullicio.

Juan Manuel Luna Cruz

domingo, 16 de marzo de 2014

La historia de un botón

El color de los cielos ha cambiado. Se marchó el triste gris y vuelve el azul que cogía Murillo para pintar sus cuadros. El brillo de la luz busca entre las hojas al botón que espera nacer. Durante las últimas semanas, la lluvia ha regado los naranjos de la ciudad y ha cuidado celosamente a la semilla de la futura naranja. Conforme han pasado los días, el botón se ha vuelto blanco inmaculado y está esperando el momento de estallar y convertirse en flor. 

Desde su interior, espera ver otro año más a las personas caminando y buscando entre las calles a Dios y a su Madre; espera poder mezclar su aroma dulce con el incienso para crear ese olor inigualable; espera escuchar de nuevo las cornetas llorando por un Dios ajusticiado, así como estremecerse ante la garganta rota cuando la saeta muere; espera poder acariciar las manos de un Cristo crucificado y las bambalinas de un palio. Quizás, a este botón le lata el corazón como al de muchos sevillanos y sevillanas: con la mecida de las caídas de un paso de palio.

Este botón espera encontrarse con la mañana, el júbilo, los niños, la emoción, los capirotes, la voz de aquel que enseña a Dios andar, los rezos, el Puente, el arrabal, los devotos tras el paso, los nazarenos, los cirios, el bullicio…Tiene tantas ganas este botón de convertirse en flor que no puede esperar más. Sin darse cuenta, sus pétalos se han abierto un amanecer y ha aparecido el azahar. La flor ha estallado con la venia de su Creador para ir dando paso a la llegada de la Semana de la Luz, de la Semana del Gozo, de la Pasión, de la Esperanza, de la Vida, del Encuentro…La llegada de la Semana Santa.


Juan Manuel Luna Cruz

martes, 10 de diciembre de 2013

Caravaggio en San Vicente

La noche está acabando. Las cofradías del Lunes Santo ya están volviendo a sus templos. Se nota cómo la gente va huyendo de la oscuridad. Solamente las luces de los cirios, las ascuas de los palios y la luna creciente vencen a las sombras que inundan la ciudad.

Sin embargo, para el pintor es el escenario perfecto. El espacio idílico donde crear su obra de luces y sombras. Con su lápiz y su cuaderno, el artista pasea desde la puerta de la parroquia de San Vicente calle arriba a través de Cardenal Cisneros y Virgen de los Buenos Libros. Cuando solo avanza unos pasos, se encuentra a la Cruz de Guía y los dos faroles que la acompañan. Se coloca delante y realiza los primeros trazos de los ángulos por donde aparece y desaparece la luz. Él busca un punto donde nazca una luminaria y pueda desarrollar desde ahí toda la escena.


Se levanta la Cruz y la Cofradía avanza. El rúan moldea las ondas que busca el artista para luego trasladarlo a sus cuadros barrocos. La calle está tranquila hasta que llega el Señor de la Penas. El público acompaña en silencio el paso. La música de capilla, las pocas órdenes del capataz, el racheo de los costaleros o el crujido de las maderas son los únicos elementos que dan sonido al ambiente. El pintor se lamenta de no poder meterlos en su cuadro. Sin embargo, los reflejará para que el espectador sueñe con lo pintado. El artista siempre intenta buscar en una escena algún punto que introduzca a quien está viendo la pintura en ella. Aquí no hace falta. Es la cara del Señor la que nos atrae con su infinita gravedad. El Señor nos busca con su mirada para pedirnos que le ayudemos y que, al mismo tiempo, ayudemos al resto de nuestros hermanos que están pasando por esta calle de la Amargura tan larga.

Mientras que el paso está detenido, toma algunos apuntes de los colores y las formas del Señor: la corona de espinas, sus ojos que se posan en cada persona que le mira a la cara, la mano que abraza la cruz, la que se posa sobre la tierra, el pie que se escapa de su túnica…Mientras que el pintor dibuja, el paso se levanta y se marcha hacia San Vicente.

De la página web: Rafaes
El cortejo sigue avanzando y de lejos se escuchan los acordes de la banda. Poco a poco, se va adivinando el palio por los sonidos de las caídas que chocan con los varales. La Virgen de los Dolores se aparece en medio de un ascua de luz que alumbra su pena y se dirige, como su mirada, hacia el cielo. El artista ha visto su cenit, lo que él buscaba, lo que él pretendía enmarcar para la posteridad. El palio de la Virgen se mueve con mesura y medida. Aquí no bailan los pasos, aquí se mecen. En los dibujos a lápiz se recogen los movimientos sublimes de esta belleza. Cuando encara la puerta de la parroquia, del interior del templo también emana la luz que busca el pintor. Desearía él detener el tiempo para poder pintar eternamente este momento. Sin embargo, él mismo reflexiona y piensa que lo efímero es lo que vale y lo que perdura para siempre.

Cuando llega a casa, no puede descansar. Las ansias le llevan a enfrentarse con los pinceles y el lienzo y plasmar la cara del Dios caído que te busca con su mirada para ayudarlo a levantarse y la Madre que implora a los cielos por el sufrimiento de su Hijo. El artista busca la luz, busca la sombra, hace que la primera nazca de un punto para buscar a la verdadera Luz que ilumina nuestras vidas: Jesús de las Penas y su Madre de los Dolores. 

Juan Manuel Luna Cruz

lunes, 16 de septiembre de 2013

Córdoba vivió su Vía Crucis Magno, lleno de belleza e recogimiento

La ciudad califal disfrutó de su acto del Año de la Fe con 18 pasos de diferentes hermandades, las cuales rezaron las estaciones en el entorno de la Mezquita-Catedral

Reina de los Mártires bajo la torre de San Hipólito

Único palio del Vía Crucis en la avenida del Gran Capitán

Cruz de Guía del Rescatado

Jesús Rescatado
                                               

Desde hora muy temprana, numerosas personas venidas de muchos lugares de Andalucía paseaban por la Judería o el Puente Romano. La mañana se tornaba conforme pasaban las horas de gris a azul. El sol apretaba con fuerza y se llenaban los bares y restaurantes que participaban en la Ruta de las Tapas Cofrades, promocionada por el Ayuntamiento y la Agrupación de Cofradías en colaboración con los hosteleros cordobeses.

Coronación de Espinas bajo el sol
Mientras, sonaban los últimos acordes del pasacalle “Sones de Fe”, donde distintas bandas de la provincia se pasearon por las principales arterias del casco histórico como la calle San Fernando, Cardenal González o Torrijos.

Se acercaba la hora de la salida del primer paso y el nerviosismo aumentaba por momentos. A las 16:15 de la tarde, los alrededores de la Real Colegiata de San Hipólito, desde donde saldría a las 17:00 la Reina de los Mártires, se encontraban repleto de personas que esperaban al único palio del cortejo del Vía Crucis Magno. La titular de la hermandad de la Buena Muerte, representaría a todos los mártires cordobeses y recibiría una ofrenda floral en la plaza del Triunfo en recuerdo a todos aquellos que no abandonaron su Fe.
El capataz llama a los costaleros

La llegada de la banda Julián Cerdán de Sanlúcar de Barrameda fue recibida con aplausos y vítores en la plaza de San Ignacio de Loyola. El cortejo salió muy rápido y el palio se echó a la calle a los sones de la Marcha Real, Saeta Cordobesa y Estrella Sublime, entre otras composiciones que se sucedían una tras otra mientras que el paso avanzaba por la avenida del Gran Capitán.

Salida del Cristo de Remedios y Ánimas

A partir de ese momento, se sucederían las salidas de los templos desde distintos puntos de la ciudad. En la plaza del Corazón de María, Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado atravesaba la puerta de la Parroquia de Santa María de Gracia y San Eulogio. Pocos metros más atrás, Nuestro Padre Jesús Humilde en la Coronación de Espinas se acercaba al centro de la ciudad desde el paseo de la Virgen de la Merced. En la calle María Auxiliadora, se podía ver una hermosa estampa de los dos pasos avanzando al mismo tiempo.

Iconografía antigua de Cristo Crucificado con el sol y la luna bordados
En la plaza de San Lorenzo y a las puertas de la parroquia del mismo nombre, crecía la expectación por ver al Santísimo Cristo de Remedios y Ánimas en la calle con la luz del sol. A las 18:30 de la tarde, se abría el portón de la Iglesia y comenzaban las campanas de la esbelta torre a tañer. Los sonidos se mezclaban con el rezo del Santo Rosario y las voces de los hermanos entonando el Miserere detrás del único paso que llevaba ruedas en este acto. El cortejo, medido y perfecto buscaba poco a poco la Carrera Oficial de este Vía Crucis Magno.

Por la plaza de la Magdalena avanzaba con el esfuerzo de sus hermanos costaleros Nuestro Padre Jesús de las Penas de la hermandad de la Esperanza. La hermandad de la Estrella y su impresionante paso de Jesús Negado por Pedro llegaba por los Jardines de Colón al centro de la ciudad. En San Basilio sonaban acordes sevillanos de la Agrupación Musical Nuestra Señora de los Reyes tras Nuestro Padre Jesús de la Pasión. La torre de la Mezquita guiaba al paso de La Sentencia entre naranjos y jazmines en una tarde de color anaranjado.

El punto de unión de las cofradías, la Cruz del Rastro, estaba repleto de familias, grupos de muchachos, personas mayores…que esperaban la llegada de los distintos pasos desde las calles San Fernando, Lucano y Cardenal González. Hubo algunos problemas en este punto del recorrido debido a la masificación de público, el cual provocó el retraso de la entrada de los pasos en el recorrido oficial. Sin embargo, al final el ritmo se recuperó y las hermandades entraron poco a poco en la Ronda de Isasa.

Una estampa de gran belleza se daba en la calle San Fernando, donde se podían ver hasta 4 pasos seguidos, con los candelabros encendidos y rodeados de frondosos naranjos, que parecían formar parte del exorno que acompañaban a las Sagradas Imágenes.


Cortejo de la hermandad de Ánimas
Misterio de la hermandad de la Esperanza
Todas las previsiones se descontrolaron y se superaron las 150000 personas en la calle. Todas las sillas dispuestas en el entorno de la Mezquita fueron ocupadas y la finalización del Vía Crucis se alargó hasta pasada la medianoche. Después de la homilía del Obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, y la adoración del Santísimo Sacramento; comenzaron los regresos de las hermandades a sus sedes canónicas. La Coronación de Espinas y el Santo Sepulcro fueron las primeras en abandonar la Catedral debido a la lejanía de su templo y una petición expresa a la Agrupación de Cofradías, respectivamente. Así, todos los pasos iban abandonando el primer Templo de la ciudad califal y volverían de vuelta en medio de una noche donde quedarían todavía hermosos momentos por vivir en un jornada donde Córdoba se llenó de belleza, intensidad y recogimiento junto a sus hermandades.

Santo Sepulcro
Hermandad de la Estrella


Juan Manuel Luna Cruz

lunes, 1 de abril de 2013

La última chicotá


Suena el llamador dentro del templo. Es la última chicotá del palio. Estás dentro, junto a tus hermanos nazarenos. Ha terminado la estación de penitencia. La levantá hace temblar hasta los mismos cimientos del santo lugar. Los costaleros, cansados ya, hacen los movimientos más rápidos para dejar cuanto antes el paso en su lugar definitivo.

En esos segundos, se te viene todo encima. Por tus ojos, pasa una semana que para ti es una vida. Un reloj por el que marcas tus años, tus primaveras. Una semana en la que echas de menos a algunos porque han faltado a su cita o porque ya están junto a Él y Ella. Una semana donde se viven más emociones por minuto que en ningún otro sitio y momento. El escenario es siempre el mismo, pero no siempre es el mismo. El momento parece ser igual, pero no es igual. De año en año, todo cambia. Y por eso, los ojos se cristalizan en esos segundos de la última chicotá de tu palio.

Se te cae todo encima desde que recibiste la bendición del Señor en la mañana más pura donde San Lorenzo se convierte en el Jardín de las Delicias, donde todos volvemos a recrear el tiempo sin tiempo del niño. Después, recuerdas el sonido de las bambalinas de aquel palio que tanto te gustó el día de las Palmas con aquella banda vestida de chaqué. Los nazarenos en sus filas, los globos detrás de un paso, la sonrisa de un infante tras coger un caramelo, el frío corte que deja el Traslado al Sepulcro de Santa Marta, el roce de un varal con los naranjos rebosantes de azahar, la vuelta a oscuras de una hermandad, el amigo que te saluda a escondidas debajo de un antifaz, el monaguillo corriendo, los últimos compases de una marcha, un misterio volviendo una mañana radiante de Sábado Santo en silencio a su barrio, la lluvia, el chaparrón con el cirio en la mano, las nubes grises, el diputado de tramo que llama con la canastilla, la necesidad del Pueblo de ver a su Dios en la calle, la señora mayor escuchando la radio, la visita a los templos cuando la hermandad no ha salido…

Estos son solos unos detalles de lo que se le pasa a uno cuando está viendo a su palio hacer la última chicotá dentro del templo. Los sentimientos no están a flor de piel, sino fuera. Con todo esto, el capataz ordena: “Ahí queó”. Suena el llamador. Se baja el paso. Pero uno sigue soñando hasta el año que viene si Dios quiere.
Juan Manuel Luna Cruz

miércoles, 27 de febrero de 2013

La mística del Cachorro


-Tiene usted que cuidarse, José. Los últimos análisis dicen que el colesterol lo tiene en niveles altos-dijo el doctor.

-Pero si ya estoy mayor, para que cuidarse…

-Hombre, para disfrutar con la familia, con los hijos, con los nietos…

“¿Disfrutar? Con lo que hay ahora: el paro, la educación, la sanidad, con todo esto mejor prefiero recibir a la canina”, pensó para sus adentros.

Cuando José salió del centro de salud, cruzó la calle de la antigua carretera a Camas y se dirigió a la Capilla del Patrocinio. Era viernes 15 de febrero y su Cachorro estaba subido en el paso. Se sentó en un banco al lado de su Cristo y comenzó a mirarlo con los ojos cansados, los ojos de toda una vida trabajando: primero, en los tejares que abundaban por aquella zona,  porque desde la juventud no había parado de luchar; después, se metió en una de las muchas empresas que abrieron en los 60 y 70 donde prometían bienestar; allí también metió a sus hijos pero ahora, con la maldita crisis, la empresa ha cerrado y todo el mundo a la calle.

José se alegra porque sus hijos están luchando y se hacen huelgas, encierros, protestas, la gente los arropa, se hacen boicots a los productos de la multinacional, pero al final él cree que nada de nada. Será por la edad o por lo que ha vivido, pero no tiene muchas ilusiones de que esto se solucione.

Mira para arriba, como su Cristo, el que acompañaba de pequeño por una calle Castilla vacía, llena de niños, muchachos y chuchos merodeando el paso pequeño que antes tenía el crucificado. “Antes era más cercano”, piensa. “Ahora está muy alto, parece que lo quieren alejar de la gente”. Lo ve, sonríe, recuerda sus años mozos correteando por Alfarería, por Chapina, cuando esto era el final de Sevilla. Le habla a su Dios. Se acuerda cuando se quemó la Señorita. “Casi nos quedamos sin ti”, le musita con los labios.

Mira al altar mayor y reza a Patrocinio, pero se queda sentado al lado del Dios de la Cava. No ha leído nunca a San Juan de la Cruz ni a Santa Teresa de Jesús para descubrir la mística. No le hace falta. José le habla al Cachorro y él le responde. No le hace falta las distintas vías de la mística. La mística es el propio Cachorro. Él sabe que allí, en esa capilla chiquitita, se encuentra su amigo, su compañero de alegrías, penas y fatigas, el que no le va a dejar nunca, su hermano, su padre, su Dios: Cachorro.




Juan Manuel Luna Cruz

lunes, 18 de febrero de 2013

Reflexión


Después de la pesadilla que vivimos ayer muchos cofrades, hermanos, fieles y devotos, creo sinceramente que debemos bajar la cabeza y mirar de reojo a la cruz desnuda, símbolo puro y duro de la Fe y también de reojo al prójimo, el que está al lado nuestra, al que ayer dirigimos nuestros peores comentarios y nuestras miradas más despreciables. Y es que ayer, si las miradas mataran, no hubiera quedado ni Jesucristo vivo.

Cuanto egocentrismo en un seno de una supuesta “institución”, cuanto mensaje de protección del patrimonio enmascarado de orgullo, cuanta mirada por encima del hombro, cuantos comentarios fuera de lugar en medio de una celebración que se supone que es de fraternidad y fe. 

Señores, reflexionemos, hagamos todos un pensamiento con nosotros mismos y charlemos con los demás sobre qué es lo que queremos y lo que no queremos, qué tenemos que hacer y qué es lo que no. Si hay personas que no hubieran querido participar en el Vía Crucis de la Fe, no participen, digan que no y observen desde el lugar del espectador o desde el fiel devoto. Pero no busquen protagonismos por favor. Hagan un esfuerzo, no revienten ilusiones en unos segundos y sean valientes. Una imagen no es para la eternidad. Una escultura se desgasta y más las que están cerca de las personas. El Gran Poder, o Pasión, o el Cachorro les llegará el momento de sustituirlas porque a todo le llega su momento. Pero, por favor, no las alejen de los fieles.

Ayer se perdió una magnífica oportunidad de hacer protestación pública de nuestra fe, la de muchos sevillanos que vemos a Dios en nuestras imágenes. Algunos le echan la culpa a las hermandades que quisieron echarse a la calle, otros le replican. Yo creo que la culpa la tuvimos todos, repito todos. Por cierto, más le llovió el Viernes Santo del 2012 al nazareno de la O en el puente de Triana que la llovizna que cayó ayer.






 Juan Manuel Luna Cruz

jueves, 24 de enero de 2013

Carmen y Soledad, de nuevo, frente a frente


Pocas cosas son casualidad en esta vida. Muchas de ellas tienen su explicación y, a lo mejor, nos tenemos que remontar bastante tiempo para encontrar su porqué. Es el siguiente caso que les voy a relatar.

En la parroquia de San Lorenzo de Sevilla, se ha vuelto a ver una imagen que no se daba desde hacía varios siglos. Les detallo. Podemos encontrar desde hace unos meses, justo enfrente de la capilla de la Virgen de la Soledad, una imagen de gloria de Nuestra Señora del Carmen, con una ráfaga plateada, en una capilla al lado del cuadro de Ánimas. Pues bien, esta escultura, de alabastro, con una iconografía del siglo XIV-XV, presidía el altar mayor de la iglesia del convento Casa Grande del Carmen de la ciudad, en la calle Baños. En este mismo espacio, se encuentra ahora el conservatorio de música.

El hecho curioso se da porque, justo enfrente de la antigua iglesia del convento, atravesando un pequeño patio, se encontraba la majestuosa capilla de la hermandad de la Soledad de María (una de las cofradías más ricas de la ciudad en los Siglos de Oro), y presidiendo el camarín central del altar, se encontraba la Virgen de la Soledad, la misma que conocemos ahora porque se trata de una imagen del siglo XVI, entre el manierismo y el primer barroco, la cual ha vivido en el seno de la hermandad desde tiempo inmemorial.

Se cuenta que si te ponías en medio del patio y las puertas de ambos templos estaban abiertas, veías a un lado a la titular del convento y al otro lado la Soledad. Ese hecho ha vuelto a ocurrir gracias a la gran idea del párroco de San Lorenzo y otros miembros de la comunidad parroquial: primero de mostrarnos en toda su grandeza esta escultura de gran belleza como es Nuestra Señora del Carmen y, también, de recuperar ese encuentro entre dos vecinas, desde hace muchos siglos.





Juan Manuel Luna Cruz

miércoles, 9 de enero de 2013

La intimidad de Pasión


Algo de locos tenemos los seres humanos. Lo dijo y demostró Cervantes en la novela de nuestro caballero más querido cuando señaló que él que se creyera más cuerdo, era el que estaba más majareta.
Nosotros, los sevillanos, tenemos que estar muy majaretas, pero aun así, vamos tirando. Salimos de una y nos metemos en otra. Limpiamos de nuestras calles los caramelos de la cabalgata de reyes y ya hay imágenes en los templos que se están moviendo para sus cultos. No tenemos remedio, ni tampoco lo queremos. De momento, estamos bien.

El pasado lunes 7 de enero se trasladó desde su capilla sacramental de la Colegiata del Salvador, Nuestro Padre Jesús de la Pasión, obra del Dios de la Madera: Juan Martínez Montañés. Este es un culto al que le recomiendo personalmente acudir ya que podemos admirar, rezar y contemplar en la máxima cercanía esta devota imagen. ¿Por qué? Si ustedes la han visitado alguna vez en su capilla, verán que se encuentra en alto, presidiendo un imponente altar de plata (el cual proviene de un colegio de los jesuitas) y si han ido a un besapies, lo solemos ver colocado sobre un pedestal, con el pie a la altura de nuestra cabeza para poder besar su talón.

Pues bien, en este acto que cada año congrega a más gente en las naves del Salvador, al Señor lo colocan sobre un diminuto pasito, portado por los hermanos (que no son más de 6 o 8), se realiza una pequeña procesión desde la capilla hasta el altar mayor, preparado para el quinario y se reza las Cinco Llagas de Jesucristo, unas oraciones que se han ido perdiendo en la religiosidad popular.

En esos momentos, podemos disfrutar de la imagen de Pasión más íntima, la más cercana que conocemos. Podemos observar el gesto apolíneo con el que el escultor trató a la pieza, la suave zancada que parece no querer rozar el suelo, el sosiego y la tranquilidad con el que soporta el castigo, la entrega absoluta a favor de una causa justa que es la salvación de la persona…Ya les digo, la cercanía más absoluta y la contemplación de un Dios que nace de los textos de San Juan de la Cruz o Santa Teresa, esa mística que lleva al hombre a lo que no es de este mundo, ese barroco que no es barroco, todavía es naturalismo y renacimiento, medida, belleza….nada sobra y nada falta. Montañés ya estaba configurando ese estilo artístico que no se ha ido de la ciudad y que se ha quedado en nuestro carácter para siempre. Se lo recomiendo tanto a creyentes como ateos, ver a Pasión en la cercanía es ver a los esclavos de Miguel Ángel escaparse del mármol para salir hacia fuera y mostrarse en todo su esplendor. Es también ver la serenidad de las santas de Zurbarán o la genialidad de Velázquez en sus retratos. De todas formas, aquí les dejo unas fotos (siento si no se ven muy bien, el móvil es un poco malo) para que admiren al Dios de la serenidad y la tranquilidad en estos tiempos tan locos.

Volviendo al principio, ¿locos por qué? Porque, como dirían muchos, esto ya se viene encima. Estamos a 74 días del Domingo de Ramos. ¡Qué locos que estamos!    





Juan Manuel Luna Cruz

jueves, 6 de septiembre de 2012

Meditando bajo tu Cruz

                     Foto extraída del blog cofrade de Sevilla: http://blogcofradesevillano.blogspot.com.es/

“¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?” Miguel de Unamuno

Bajo tu leño, lleno de Vida y Esperanza, este que escribe, medita. Y es que es tiempo de meditación, de pensar, de reorientar lo que hay en este mundo; y que mejor sitio para hacer todas estas cosas que debajo de tu Cruz y bajo tu atenta mirada. Porque Tú siempre estás atento a nosotros y tenemos que mirarte (siempre lo digo), buscarte…Qué mejor sitio para buscarte que entre naranjos y en medio de olor a azahar.
Hay tantas cosas que quiero contarte, hay tantas cosas que quiero que me ayudes, tantas que quiero pedirte…que no hay espacio ni tiempo en el universo que cabe en la mente de un hombre para resolverlas, y por eso, te las pido a ti, Señor. Sin embargo, te hablo tanto de mí que no te pregunto cómo estás, cómo nos ves, cómo puedes ayudarnos a buscar esos Remedios con nombre de mujer, cómo podemos quitarte esos Clavos que sufres por nosotros y por nuestra culpa, cómo podemos quitarnos ese Rosario de penas que clamamos para que desaparezcan de nuestras vidas siempre mirándote a los ojos…Meditando estoy, pensando cerca de ti, cerca de ese barco romántico donde todos queremos subir el Miércoles por la tarde para acercarnos a ti y recoger a Tu Madre para que Ella nos acompañe y nos consuele en medio de este caos donde vivimos.
Tus Siete Palabras son siete leyes de filosofía, siete decretos del alma, siete normas para el corazón, siete doctrinas de moralidad para que ayudemos a Todos los que están a nuestro alrededor. Tus Siete Palabras son el complemento perfecto a las Bienaventuranzas de los justos. Esos mensajes nos quitarán la máscara con la que nos mostramos a la sociedad, nos eliminarán el espejo donde se refleja la mentira, la codicia, la envidia, y nos dejarán puros como la poesía adolescente de Juan Ramón Jiménez: “Vino, primero, pura…”.
Cuidar de la madre, dar de beber al sediento, perdonar a los pecadores son los mismos Mandamientos que el Padre entregó en el Sinaí a Moisés, los mismos Mensajes que distes en el Sermón de la Montaña, los mismos que nos dijiste el día que te entregaste por nosotros…ahora lo dices en la paz de tu capilla de San Vicente, en la recoleta plaza de la Loca del Sacramento: Doña Teresa Enríquez, en la bella calle Cardenal Cisneros, en la plenitud de tu paso, entre águilas y bambalinas de plata que cobijan a tu Madre de la Cabeza, pero también lo susurras en los comedores, en las bolsas de caridad, en los centros de acogida, en las calles donde el frío atrapa a las personas en invierno, en los pasillos de un hospital, en los ojos de los pobres…esos mismos ojos me dicen que cuando la pobreza llama a tu puerta, la Fe, la Caridad y la Esperanza tienen que salir a recibirla.

Juan Manuel Luna Cruz

sábado, 14 de abril de 2012

La Búsqueda del Color








Estoy embobado viendo un cartel antiguo del Cristo del Amor junto a un aviso en la pared de una taberna donde pone prohibido el cante. Cuando salgo del trance, me fijo en el vaso de vino dulce de naranja. Ya no está medio lleno ni medio vacío. Se ha acabado. No queda una gota. Pago y me despido de Pepe. “Hasta luego, Manolo”, me contesta. Salgo a la calle y sigo divagando por la ciudad. Es una hora de la tarde. Para mí, la hora clave para descubrir los elementos que visten al alma de la urbe. Miro al cielo y veo nubes esponjosas que pasean y disfrutan de su gran perspectiva. Medito sobre la semana que ha pasado… sin luz, sin olor, ¿dónde se habrán metido?, me pregunto. ¿Estarán cansados de nosotros? ¿De tanto folklore y tantas tonterías que nos montamos?
Sin embargo, el color no ha fallado. La explosión de tonalidades no ha desaparecido. El cielo azul Hiniesta no se ha acercado este año, pero en San Julián la Virgen se vistió de Reina y volvió un año más a renacer del fuego de la ira que la hizo desaparecer en el 32. Y no hizo falta que se paseara, Ella siguió llorando por los olvidados, por los parados y por las familias rotas. El verde Esperanza llenó las calles en medio de un paisaje gris y triste. Las cinco estrellas que forman la constelación más bella, la cual nos protege de todo lo malo desde Triana y la Ronda, se pasearon y dejaron una estela de Paz que nos cautivó a todos. El muchacho que nace en la Cava y le sonríe a la mismísima muerte nos faltó un año más, su visita a la otra orilla para el año que viene la esperamos con impaciencia. Dios no le podía fallar a su ciudad, y no faltó a su cita. Calmó a los cielos a la hora precisa y obró el milagro. Se me viene a la cabeza la pregunta que se hicieron los apóstoles en la barca: ¿Quién es Este que hasta el viento y el mar le obedecen? El blanco inmaculado de la Paz se quedó en el Porvenir. El negro del Amor se mezcló con la mirada pura y cristalina de los niños que acompañan a la Borriquita. La Estrella brilló en un cielo que al final del Domingo más esperado se tornó rosado y amenazaba chaparrón mientras sonaban los últimos compases de Amarguras en la plaza de Juanillo el de la Palma, como le llamó el genial Núñez de Herrera. Rosadas eran las medias de los Armaos, que hicieron la tarde triste del Jueves Santo, el desfile más hermoso que se puede hacer. El frío hizo que se nos cortara el cuerpo al ver al Calvario allá en lo alto de su paso, solo y muerto, dando su vida por nosotros. De color dorado el palio del Refugio. De plata, el paso del Señor de la Divina Misericordia, que sigue perdonando aunque roben las águilas de su canastilla. Eso es material. Lo que a Él le duele de verdad cuando le hacen un mal a cualquiera de sus hijos. Por eso, sigue llevando la cruz para la redención de nuestros pecados. De cristal, las fuentes de las caídas de Consolación. Y más,  muchos más colores se han prodigado por las rúas de este cielo terrenal donde vivimos.
Camino, sigo caminando porque como dijo Machado se hace camino al andar. Ando mirando por las esquinas, los cierres de los balcones, las puertas que dan a los patios marmóreos y me sigo encontrando con colores, el de unos trajes que anuncian la fiesta del color de la ciudad: la Feria de Abril.
Juan Manuel Luna Cruz