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domingo, 16 de marzo de 2014

La historia de un botón

El color de los cielos ha cambiado. Se marchó el triste gris y vuelve el azul que cogía Murillo para pintar sus cuadros. El brillo de la luz busca entre las hojas al botón que espera nacer. Durante las últimas semanas, la lluvia ha regado los naranjos de la ciudad y ha cuidado celosamente a la semilla de la futura naranja. Conforme han pasado los días, el botón se ha vuelto blanco inmaculado y está esperando el momento de estallar y convertirse en flor. 

Desde su interior, espera ver otro año más a las personas caminando y buscando entre las calles a Dios y a su Madre; espera poder mezclar su aroma dulce con el incienso para crear ese olor inigualable; espera escuchar de nuevo las cornetas llorando por un Dios ajusticiado, así como estremecerse ante la garganta rota cuando la saeta muere; espera poder acariciar las manos de un Cristo crucificado y las bambalinas de un palio. Quizás, a este botón le lata el corazón como al de muchos sevillanos y sevillanas: con la mecida de las caídas de un paso de palio.

Este botón espera encontrarse con la mañana, el júbilo, los niños, la emoción, los capirotes, la voz de aquel que enseña a Dios andar, los rezos, el Puente, el arrabal, los devotos tras el paso, los nazarenos, los cirios, el bullicio…Tiene tantas ganas este botón de convertirse en flor que no puede esperar más. Sin darse cuenta, sus pétalos se han abierto un amanecer y ha aparecido el azahar. La flor ha estallado con la venia de su Creador para ir dando paso a la llegada de la Semana de la Luz, de la Semana del Gozo, de la Pasión, de la Esperanza, de la Vida, del Encuentro…La llegada de la Semana Santa.


Juan Manuel Luna Cruz

jueves, 27 de febrero de 2014

El Patio de la Vida

Patio del Centro Itálica
El patio es la infancia. El patio es la patria chica de muchas personas. El patio nos reconcilia con nosotros mismos y con los demás. Es la arquitectura perfecta para alcanzar la eternidad. Los romanos y los árabes lo adoraban. Era el punto de encuentro. Era la cercanía con lo sobrenatural. La paz, la tranquilidad, el sosiego, la naturaleza, el agua, lo verde, el color, el sonido…son algunos elementos que describen al patio. Cada persona tiene el suyo donde vuelve a esos tiempos irrecuperables donde soñábamos y nuestras preocupaciones eran mínimas.

Ahora, nuestro mundo nos ahoga entre móviles, ruidos de coches, gritos, agobios…Cuando nos reencontramos con el canto de un mirlo, el susurro del agua o el suave movimiento de las hojas de los árboles no necesitamos un paraíso, ya lo tenemos algunos aquí abajo.

El patio es la vida enfrente de tus ojos. Eres tú mirándote a ti mismo. Es la ternura de unos ojos infantes que no han sido todavía atrapados por la maldita sociedad. El niño que fuiste te pregunta si estás disfrutando de la vida como de pequeño. ¿Sigues añorando esos ojos negros llenos de Soledad? ¿Sigues corriendo entre la verdina y escondiéndote bajo las escaleras y los pasillos? ¿Evocas ese patio blanco lleno de luz que se transformaba en color naranja cuando echaba Carmelita los toldos?

El patio es el lugar donde habita el tiempo, donde miras al pasado, encuentras el presente, buscas el futuro y observas lo que pudo ser y no fue, ese último tiempo también existe aunque lo queramos omitir. Cuando nos alejamos del patio de nuestra vida, el destierro es cruel, ya que nuestra memoria escoge siempre el camino más corto para herirnos.

Ya lo dijo el poeta: “Donde nací una vez, moriré siempre”.

Juan Manuel Luna Cruz