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lunes, 31 de marzo de 2014

Juan Pablo en la Estrella

Este Santo observa desde la esquina. Sin darte cuenta, entras en la capilla y te chocas con él. Él te mira desde que entras. Subido en un pequeño altar, en un sillón papal, él vive el día a día de un barrio que sigue a su Estrella. Desde su lado escondido, ve las caras de aquellos que buscan la Luz en una Cara de porcelana.

Pero ayer no se lo creía. Le habían explicado cientos de veces lo que era la religiosidad popular, e incluso, él la había vivido. Pero a este Papa ayer casi se le saltan las lágrimas. No se creía lo que se formó en torno a la Virgen de la Estrella. Colas, incienso, carritos, bebés, niños corriendo, padres, madres, abuelos, abuelas, estampitas, marchas como Pasan los Campanilleros, fotos, miradas, besos, rezos…Este Papa aprende poco a poco cómo se vive el sentimiento religioso en esta ciudad. Lo mismo hay silencios que bullas. Lo mismo hay salves a viva voz que rezos entre labios. Lo mismo hay bebés llorando que señoras mayores mirando a su Estrella. Este Santo poco a poco se va uniendo al barrio y disfruta como uno más. Ante tantas malas noticias, las cuales nos inundan todos los días; ayer Triana radiaba de alegría. Y eso lo notó este Santo que lo elevarán dentro poco a los altares. A Juan Pablo se lo han ganado poco a poco los vecinos y ya es uno más. Ayer disfrutaba observando a aquellos que fueron a ver a la Estrella y, dentro de poco, él mismo la disfrutará en su paso de palio esperando el Domingo de Ramos. 

Juan Manuel Luna Cruz

jueves, 27 de marzo de 2014

Cuaresma íntima

Cristo del Mandato de Santa María la Blanca
 Nadie duda de la religiosidad popular en Sevilla, sobre todo, del papel activo de sus hermandades y cofradías; las cuales llegan a parar durante una semana la vida de una ciudad. Nadie puede dudarlo, y el que lo haga: simplemente no vive la realidad.


La Cuaresma va pasando con mucha rapidez. Hace poco nos poníamos la ceniza en la frente y hoy ya vemos pasos montados en las distintas iglesias. En un suspiro, todo habrá pasado y nuestras imágenes volverán a los altares donde nos esperan siempre. Sin embargo, en todo ese tiempo loco que se llama Cuaresma y Semana Santa se escapan también muchos detalles a los que no echamos cuenta porque nos volcamos más en cultos de hermandades conocidas, en actos extraordinarios o en la vida diaria de nuestras cofradías. Me refiero a que se nos escapan los pequeños cultos que se organizan en templos donde no hay hermandades. Por ejemplo, la Parroquia de San Bartolomé organiza todos los viernes de este tiempo litúrgico un Vía Crucis por el interior del templo. Además, esta semana sacará por la feligresía al Cristo de las Ánimas, una desconocida y hermosa obra del siglo XVI. Unos metros más en dirección Puerta de la Carne, en Santa María la Blanca, mañana vuelve después de una restauración el Cristo del Mandato, que también recorrerá las naves de esta iglesia barroca. Omnium Sanctorum asimismo tendrá el sábado su Vía Crucis con el Cristo de la Buena Muerte.
Escuela de Cristo

Y el Jueves Santo se instalan los Monumentos. Son los grandes olvidados. Nadie se percata de ellos. Hace 3 años, mi amigo Manolo Rodríguez y un servidor, viendo que ninguna cofradía salía, nos decidimos darnos una vuelta, ver la Ronda de los Armaos y visitar los Monumentos. Fue una auténtica delicia ver cómo las monjas de clausura y las parroquias instalan los Monumentos. Uno descubre las joyas escondidas que hay en los conventos de la ciudad. La exquisitez y el sumo cuidado predominan en este altar efímero de Sagrarios Pobres, como los definió Joaquín Romero Murube. Dios se halla presidiendo el lugar y hay que cuidarlo ya que es el día en el que se instituye la Eucaristía. Les recomiendo disfrutar de estos detalles que nos regalan estos lugares donde no hay cofradías, ni pasos, ni nazarenos, ni bandas. En ellos también se vive la Cuaresma y la Semana Santa, de igual forma que en la calle cuando sale un Vía Crucis de una hermandad o es la Función Principal de otra. Son lugares donde uno encuentra esa Cuaresma íntima alejada del bullicio.

Juan Manuel Luna Cruz

domingo, 16 de marzo de 2014

La historia de un botón

El color de los cielos ha cambiado. Se marchó el triste gris y vuelve el azul que cogía Murillo para pintar sus cuadros. El brillo de la luz busca entre las hojas al botón que espera nacer. Durante las últimas semanas, la lluvia ha regado los naranjos de la ciudad y ha cuidado celosamente a la semilla de la futura naranja. Conforme han pasado los días, el botón se ha vuelto blanco inmaculado y está esperando el momento de estallar y convertirse en flor. 

Desde su interior, espera ver otro año más a las personas caminando y buscando entre las calles a Dios y a su Madre; espera poder mezclar su aroma dulce con el incienso para crear ese olor inigualable; espera escuchar de nuevo las cornetas llorando por un Dios ajusticiado, así como estremecerse ante la garganta rota cuando la saeta muere; espera poder acariciar las manos de un Cristo crucificado y las bambalinas de un palio. Quizás, a este botón le lata el corazón como al de muchos sevillanos y sevillanas: con la mecida de las caídas de un paso de palio.

Este botón espera encontrarse con la mañana, el júbilo, los niños, la emoción, los capirotes, la voz de aquel que enseña a Dios andar, los rezos, el Puente, el arrabal, los devotos tras el paso, los nazarenos, los cirios, el bullicio…Tiene tantas ganas este botón de convertirse en flor que no puede esperar más. Sin darse cuenta, sus pétalos se han abierto un amanecer y ha aparecido el azahar. La flor ha estallado con la venia de su Creador para ir dando paso a la llegada de la Semana de la Luz, de la Semana del Gozo, de la Pasión, de la Esperanza, de la Vida, del Encuentro…La llegada de la Semana Santa.


Juan Manuel Luna Cruz

martes, 10 de diciembre de 2013

Caravaggio en San Vicente

La noche está acabando. Las cofradías del Lunes Santo ya están volviendo a sus templos. Se nota cómo la gente va huyendo de la oscuridad. Solamente las luces de los cirios, las ascuas de los palios y la luna creciente vencen a las sombras que inundan la ciudad.

Sin embargo, para el pintor es el escenario perfecto. El espacio idílico donde crear su obra de luces y sombras. Con su lápiz y su cuaderno, el artista pasea desde la puerta de la parroquia de San Vicente calle arriba a través de Cardenal Cisneros y Virgen de los Buenos Libros. Cuando solo avanza unos pasos, se encuentra a la Cruz de Guía y los dos faroles que la acompañan. Se coloca delante y realiza los primeros trazos de los ángulos por donde aparece y desaparece la luz. Él busca un punto donde nazca una luminaria y pueda desarrollar desde ahí toda la escena.


Se levanta la Cruz y la Cofradía avanza. El rúan moldea las ondas que busca el artista para luego trasladarlo a sus cuadros barrocos. La calle está tranquila hasta que llega el Señor de la Penas. El público acompaña en silencio el paso. La música de capilla, las pocas órdenes del capataz, el racheo de los costaleros o el crujido de las maderas son los únicos elementos que dan sonido al ambiente. El pintor se lamenta de no poder meterlos en su cuadro. Sin embargo, los reflejará para que el espectador sueñe con lo pintado. El artista siempre intenta buscar en una escena algún punto que introduzca a quien está viendo la pintura en ella. Aquí no hace falta. Es la cara del Señor la que nos atrae con su infinita gravedad. El Señor nos busca con su mirada para pedirnos que le ayudemos y que, al mismo tiempo, ayudemos al resto de nuestros hermanos que están pasando por esta calle de la Amargura tan larga.

Mientras que el paso está detenido, toma algunos apuntes de los colores y las formas del Señor: la corona de espinas, sus ojos que se posan en cada persona que le mira a la cara, la mano que abraza la cruz, la que se posa sobre la tierra, el pie que se escapa de su túnica…Mientras que el pintor dibuja, el paso se levanta y se marcha hacia San Vicente.

De la página web: Rafaes
El cortejo sigue avanzando y de lejos se escuchan los acordes de la banda. Poco a poco, se va adivinando el palio por los sonidos de las caídas que chocan con los varales. La Virgen de los Dolores se aparece en medio de un ascua de luz que alumbra su pena y se dirige, como su mirada, hacia el cielo. El artista ha visto su cenit, lo que él buscaba, lo que él pretendía enmarcar para la posteridad. El palio de la Virgen se mueve con mesura y medida. Aquí no bailan los pasos, aquí se mecen. En los dibujos a lápiz se recogen los movimientos sublimes de esta belleza. Cuando encara la puerta de la parroquia, del interior del templo también emana la luz que busca el pintor. Desearía él detener el tiempo para poder pintar eternamente este momento. Sin embargo, él mismo reflexiona y piensa que lo efímero es lo que vale y lo que perdura para siempre.

Cuando llega a casa, no puede descansar. Las ansias le llevan a enfrentarse con los pinceles y el lienzo y plasmar la cara del Dios caído que te busca con su mirada para ayudarlo a levantarse y la Madre que implora a los cielos por el sufrimiento de su Hijo. El artista busca la luz, busca la sombra, hace que la primera nazca de un punto para buscar a la verdadera Luz que ilumina nuestras vidas: Jesús de las Penas y su Madre de los Dolores. 

Juan Manuel Luna Cruz

lunes, 4 de noviembre de 2013

Noviembre

                                         Foto: reinadetodoslossantos.blogspot.com

No sé por qué, pero a un servidor le da la sensación que la estación que más le gusta a los sevillanos después de la primavera es el otoño. No sé por qué, pero se palpa en el ambiente, en las caras de las personas, en los gestos…Disfrutamos con este tiempo tan triste para algunos y tan bello para otros. Dentro de esta época del año, que es de espera porque aquí vivimos siempre en vísperas, noviembre es el mes de transición entre el inicio del período con las primeras lluvias el día del pilar y los últimos coletazos cuando las Esperanzas de la ciudad bajan de sus camarines y de sus altares para que les besemos las manos, aquellas que cobijarán al Señor que nacerá en Nochebuena. Noviembre, en general, es un mes rutinario, como de pasada, con apenas fiestas, relacionado directamente con los difuntos, con los que ya no están con nosotros y que nos cuidan desde los cielos. Un mes donde los atascos parecen que provocan, con el humor de las gentes, ese cielo plomizo unido a esa fina lluvia, que moja la gabardina con la que nos cubrimos muchos, con la que vamos divagando por la ciudad que nos vio nacer. El frío ya llega a los huesos y comenzamos a preparar las copas de cisco y de alhucema en los hogares, debajo de las mesas de camilla donde la familia se sienta para reírse un rato y contar las penas.

Sin embargo, este mes tiene un encanto especial, la ciudad tiene una luz diferente, que no brilla tanto como el Domingo más esperado del año, que no tiene tanta fuerza como la mañana que huele a juncia y romero, que no se levanta tan temprano para ver una cara tan hermosa atravesar la Puerta de los Palos un día de agosto…pero, un humilde servidor tiene la corazonada de que este tiempo nos gusta. Lo descubre cada año en el barrio, en la plaza y en los puestos; noviembre es especial. Mientras le llevamos a los que ya no están flores al cementerio, mientras la vida es una rutina en todas las calles: los niños al colegio, las compras en la calle de la Feria y en la de Amargura… algo se nota dentro de la parroquia que hace que el mes sea más bello en la collación. El centro del barrio (que es la parroquia, aunque haya otros que digan lo contrario, porque no hay otro lugar que aglutine a tantos vecinos), prepara sus fiestas para su Reina y patrona.

El imponente paso ha llegado desde la casa de González Cuadrado, el coro retumba todas las tardes y se escucha hasta desde el improvisado puesto de castañas colocado en la entrada del templo, el incienso llega hasta el techo mudéjar y a todos los rincones de esta iglesia que tanto ha vivido, el baldaquino se encuentra lleno de cera y flores rodeándola y las gentes van llegando con sus abrigos y rebecas para estar con Ella. Después de mirar las caras de mis vecinos y de aquellos que ya no viven en el barrio, pero vienen a verla todos los años, me doy cuenta de quién nos alegra e ilumina cada mes de noviembre en la calle de la Feria (al resto de la ciudad todavía no lo he descubierto). Ella es, como su nombre indica, nuestra Mediadora en estos tiempos tan complicados que nos ha tocado vivir y siempre está a nuestro lado intercediendo por nosotros ante su Hijo, que lo arropa en sus brazos. Es la Reina de Todos los Santos.

Juan Manuel Luna Cruz

martes, 24 de septiembre de 2013

La Última Luz del Verano

Dedicado a Alberto Fraile

Si la primera luz del otoño la recibe la Amargura en el milagro de cada 19 de septiembre cuando el sol besa su cara, el último rayo del estío da a la Virgen de las Mercedes cuando sale de su capilla cada último sábado del mes citado. 
De la página web: Rafaes

La Puerta Real y la pequeña placita que antiguamente era porticada se queda pequeña cuando los rayos atronadores inundan el lugar y buscan hacer más grande la aureola de la Virgen. Es el otro milagro que nos regala el último mes del verano, donde se confunden las gentes que vuelven de las playas y las primeras hojas caídas. Son los últimos días de camisas con manga corta y abanico porque en poco tiempo se pasará a la rebequita y la chaqueta fina. El sol atraviesa las colinas del Aljarafe, busca San Laureano e ilumina el paso para que toda la calle Alfonso XII reciba la belleza de Ella.

San Vicente, ese barrio donde las calles estrechas parecen galerías de un convento entre barreduelas de naranjos, casas señoriales y balcones que casi se juntan unos con otros; dan la bienvenida un año más a su Virgen de la Ventana, a la Señorita del Museo que recibe siempre las 24 horas al que quiera hablarle a través de los cristales.

El Museo, con sus impresionantes árboles de liana, acoge la pequeña procesión, humilde pero llena de hermanos guiados por su Madre, la cual redime siempre a los cautivos, aquellos prisioneros de la sociedad, de la exclusión, del paro y de otros males que provocamos los seres humanos. Para ellos, Ella siempre va a tener una sonrisa.

La Parroquia del barrio, con su inscripción sobre el pórtico: “la casa de los pobres es la escalera del cielo”, bendecirá a su Vecina un año más. Las hermandades llenarán la puerta y el sol se despedirá para que se propague por la collación la verdadera luz que da sentido a nuestro día a día, Mercedes.

La noche caerá sobre la calle Abad Gordillo y las últimas brisas veraniegas jugarán con las esquinas en Mendoza Ríos, Redes o Plaza de Rull. Las marchas se suceden sin solución de continuidad mientras desde las casas se tiran pétalos. La procesión es como un niño, cuando sale es como un alborozo; mientras que cuando ya viene de vuelta, es más ordenada y recogida.

Los vecinos ven un año más como la Virgen de las Mercedes se les va hasta el año que viene si Ella quiere. Algunos la acompañan hasta su humilde capilla, detrás del paso, a su lado o entre el cortejo donde van los hermanos con los cirios gastados. El capataz ya tiene en su chaqueta algunos chorreones de cera. Muchas flores del paso se han quedado en el camino, en las casas donde hace falta. Si Dios y su madre no se quedaran en las casas de las personas, esto no serviría para nada.

El paso ya ha dado la vuelta en la última chicotá, la banda toca los últimos acordes. Suena el martillo. Los zancos al suelo. Mercedes se encara hacia sus vecinos y deja escapar la última luz del verano de la Ciudad de la Gracia. 

Juan Manuel Luna Cruz

lunes, 16 de septiembre de 2013

Córdoba vivió su Vía Crucis Magno, lleno de belleza e recogimiento

La ciudad califal disfrutó de su acto del Año de la Fe con 18 pasos de diferentes hermandades, las cuales rezaron las estaciones en el entorno de la Mezquita-Catedral

Reina de los Mártires bajo la torre de San Hipólito

Único palio del Vía Crucis en la avenida del Gran Capitán

Cruz de Guía del Rescatado

Jesús Rescatado
                                               

Desde hora muy temprana, numerosas personas venidas de muchos lugares de Andalucía paseaban por la Judería o el Puente Romano. La mañana se tornaba conforme pasaban las horas de gris a azul. El sol apretaba con fuerza y se llenaban los bares y restaurantes que participaban en la Ruta de las Tapas Cofrades, promocionada por el Ayuntamiento y la Agrupación de Cofradías en colaboración con los hosteleros cordobeses.

Coronación de Espinas bajo el sol
Mientras, sonaban los últimos acordes del pasacalle “Sones de Fe”, donde distintas bandas de la provincia se pasearon por las principales arterias del casco histórico como la calle San Fernando, Cardenal González o Torrijos.

Se acercaba la hora de la salida del primer paso y el nerviosismo aumentaba por momentos. A las 16:15 de la tarde, los alrededores de la Real Colegiata de San Hipólito, desde donde saldría a las 17:00 la Reina de los Mártires, se encontraban repleto de personas que esperaban al único palio del cortejo del Vía Crucis Magno. La titular de la hermandad de la Buena Muerte, representaría a todos los mártires cordobeses y recibiría una ofrenda floral en la plaza del Triunfo en recuerdo a todos aquellos que no abandonaron su Fe.
El capataz llama a los costaleros

La llegada de la banda Julián Cerdán de Sanlúcar de Barrameda fue recibida con aplausos y vítores en la plaza de San Ignacio de Loyola. El cortejo salió muy rápido y el palio se echó a la calle a los sones de la Marcha Real, Saeta Cordobesa y Estrella Sublime, entre otras composiciones que se sucedían una tras otra mientras que el paso avanzaba por la avenida del Gran Capitán.

Salida del Cristo de Remedios y Ánimas

A partir de ese momento, se sucederían las salidas de los templos desde distintos puntos de la ciudad. En la plaza del Corazón de María, Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado atravesaba la puerta de la Parroquia de Santa María de Gracia y San Eulogio. Pocos metros más atrás, Nuestro Padre Jesús Humilde en la Coronación de Espinas se acercaba al centro de la ciudad desde el paseo de la Virgen de la Merced. En la calle María Auxiliadora, se podía ver una hermosa estampa de los dos pasos avanzando al mismo tiempo.

Iconografía antigua de Cristo Crucificado con el sol y la luna bordados
En la plaza de San Lorenzo y a las puertas de la parroquia del mismo nombre, crecía la expectación por ver al Santísimo Cristo de Remedios y Ánimas en la calle con la luz del sol. A las 18:30 de la tarde, se abría el portón de la Iglesia y comenzaban las campanas de la esbelta torre a tañer. Los sonidos se mezclaban con el rezo del Santo Rosario y las voces de los hermanos entonando el Miserere detrás del único paso que llevaba ruedas en este acto. El cortejo, medido y perfecto buscaba poco a poco la Carrera Oficial de este Vía Crucis Magno.

Por la plaza de la Magdalena avanzaba con el esfuerzo de sus hermanos costaleros Nuestro Padre Jesús de las Penas de la hermandad de la Esperanza. La hermandad de la Estrella y su impresionante paso de Jesús Negado por Pedro llegaba por los Jardines de Colón al centro de la ciudad. En San Basilio sonaban acordes sevillanos de la Agrupación Musical Nuestra Señora de los Reyes tras Nuestro Padre Jesús de la Pasión. La torre de la Mezquita guiaba al paso de La Sentencia entre naranjos y jazmines en una tarde de color anaranjado.

El punto de unión de las cofradías, la Cruz del Rastro, estaba repleto de familias, grupos de muchachos, personas mayores…que esperaban la llegada de los distintos pasos desde las calles San Fernando, Lucano y Cardenal González. Hubo algunos problemas en este punto del recorrido debido a la masificación de público, el cual provocó el retraso de la entrada de los pasos en el recorrido oficial. Sin embargo, al final el ritmo se recuperó y las hermandades entraron poco a poco en la Ronda de Isasa.

Una estampa de gran belleza se daba en la calle San Fernando, donde se podían ver hasta 4 pasos seguidos, con los candelabros encendidos y rodeados de frondosos naranjos, que parecían formar parte del exorno que acompañaban a las Sagradas Imágenes.


Cortejo de la hermandad de Ánimas
Misterio de la hermandad de la Esperanza
Todas las previsiones se descontrolaron y se superaron las 150000 personas en la calle. Todas las sillas dispuestas en el entorno de la Mezquita fueron ocupadas y la finalización del Vía Crucis se alargó hasta pasada la medianoche. Después de la homilía del Obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, y la adoración del Santísimo Sacramento; comenzaron los regresos de las hermandades a sus sedes canónicas. La Coronación de Espinas y el Santo Sepulcro fueron las primeras en abandonar la Catedral debido a la lejanía de su templo y una petición expresa a la Agrupación de Cofradías, respectivamente. Así, todos los pasos iban abandonando el primer Templo de la ciudad califal y volverían de vuelta en medio de una noche donde quedarían todavía hermosos momentos por vivir en un jornada donde Córdoba se llenó de belleza, intensidad y recogimiento junto a sus hermandades.

Santo Sepulcro
Hermandad de la Estrella


Juan Manuel Luna Cruz

lunes, 1 de abril de 2013

La última chicotá


Suena el llamador dentro del templo. Es la última chicotá del palio. Estás dentro, junto a tus hermanos nazarenos. Ha terminado la estación de penitencia. La levantá hace temblar hasta los mismos cimientos del santo lugar. Los costaleros, cansados ya, hacen los movimientos más rápidos para dejar cuanto antes el paso en su lugar definitivo.

En esos segundos, se te viene todo encima. Por tus ojos, pasa una semana que para ti es una vida. Un reloj por el que marcas tus años, tus primaveras. Una semana en la que echas de menos a algunos porque han faltado a su cita o porque ya están junto a Él y Ella. Una semana donde se viven más emociones por minuto que en ningún otro sitio y momento. El escenario es siempre el mismo, pero no siempre es el mismo. El momento parece ser igual, pero no es igual. De año en año, todo cambia. Y por eso, los ojos se cristalizan en esos segundos de la última chicotá de tu palio.

Se te cae todo encima desde que recibiste la bendición del Señor en la mañana más pura donde San Lorenzo se convierte en el Jardín de las Delicias, donde todos volvemos a recrear el tiempo sin tiempo del niño. Después, recuerdas el sonido de las bambalinas de aquel palio que tanto te gustó el día de las Palmas con aquella banda vestida de chaqué. Los nazarenos en sus filas, los globos detrás de un paso, la sonrisa de un infante tras coger un caramelo, el frío corte que deja el Traslado al Sepulcro de Santa Marta, el roce de un varal con los naranjos rebosantes de azahar, la vuelta a oscuras de una hermandad, el amigo que te saluda a escondidas debajo de un antifaz, el monaguillo corriendo, los últimos compases de una marcha, un misterio volviendo una mañana radiante de Sábado Santo en silencio a su barrio, la lluvia, el chaparrón con el cirio en la mano, las nubes grises, el diputado de tramo que llama con la canastilla, la necesidad del Pueblo de ver a su Dios en la calle, la señora mayor escuchando la radio, la visita a los templos cuando la hermandad no ha salido…

Estos son solos unos detalles de lo que se le pasa a uno cuando está viendo a su palio hacer la última chicotá dentro del templo. Los sentimientos no están a flor de piel, sino fuera. Con todo esto, el capataz ordena: “Ahí queó”. Suena el llamador. Se baja el paso. Pero uno sigue soñando hasta el año que viene si Dios quiere.
Juan Manuel Luna Cruz

miércoles, 27 de febrero de 2013

La mística del Cachorro


-Tiene usted que cuidarse, José. Los últimos análisis dicen que el colesterol lo tiene en niveles altos-dijo el doctor.

-Pero si ya estoy mayor, para que cuidarse…

-Hombre, para disfrutar con la familia, con los hijos, con los nietos…

“¿Disfrutar? Con lo que hay ahora: el paro, la educación, la sanidad, con todo esto mejor prefiero recibir a la canina”, pensó para sus adentros.

Cuando José salió del centro de salud, cruzó la calle de la antigua carretera a Camas y se dirigió a la Capilla del Patrocinio. Era viernes 15 de febrero y su Cachorro estaba subido en el paso. Se sentó en un banco al lado de su Cristo y comenzó a mirarlo con los ojos cansados, los ojos de toda una vida trabajando: primero, en los tejares que abundaban por aquella zona,  porque desde la juventud no había parado de luchar; después, se metió en una de las muchas empresas que abrieron en los 60 y 70 donde prometían bienestar; allí también metió a sus hijos pero ahora, con la maldita crisis, la empresa ha cerrado y todo el mundo a la calle.

José se alegra porque sus hijos están luchando y se hacen huelgas, encierros, protestas, la gente los arropa, se hacen boicots a los productos de la multinacional, pero al final él cree que nada de nada. Será por la edad o por lo que ha vivido, pero no tiene muchas ilusiones de que esto se solucione.

Mira para arriba, como su Cristo, el que acompañaba de pequeño por una calle Castilla vacía, llena de niños, muchachos y chuchos merodeando el paso pequeño que antes tenía el crucificado. “Antes era más cercano”, piensa. “Ahora está muy alto, parece que lo quieren alejar de la gente”. Lo ve, sonríe, recuerda sus años mozos correteando por Alfarería, por Chapina, cuando esto era el final de Sevilla. Le habla a su Dios. Se acuerda cuando se quemó la Señorita. “Casi nos quedamos sin ti”, le musita con los labios.

Mira al altar mayor y reza a Patrocinio, pero se queda sentado al lado del Dios de la Cava. No ha leído nunca a San Juan de la Cruz ni a Santa Teresa de Jesús para descubrir la mística. No le hace falta. José le habla al Cachorro y él le responde. No le hace falta las distintas vías de la mística. La mística es el propio Cachorro. Él sabe que allí, en esa capilla chiquitita, se encuentra su amigo, su compañero de alegrías, penas y fatigas, el que no le va a dejar nunca, su hermano, su padre, su Dios: Cachorro.




Juan Manuel Luna Cruz

lunes, 18 de febrero de 2013

Reflexión


Después de la pesadilla que vivimos ayer muchos cofrades, hermanos, fieles y devotos, creo sinceramente que debemos bajar la cabeza y mirar de reojo a la cruz desnuda, símbolo puro y duro de la Fe y también de reojo al prójimo, el que está al lado nuestra, al que ayer dirigimos nuestros peores comentarios y nuestras miradas más despreciables. Y es que ayer, si las miradas mataran, no hubiera quedado ni Jesucristo vivo.

Cuanto egocentrismo en un seno de una supuesta “institución”, cuanto mensaje de protección del patrimonio enmascarado de orgullo, cuanta mirada por encima del hombro, cuantos comentarios fuera de lugar en medio de una celebración que se supone que es de fraternidad y fe. 

Señores, reflexionemos, hagamos todos un pensamiento con nosotros mismos y charlemos con los demás sobre qué es lo que queremos y lo que no queremos, qué tenemos que hacer y qué es lo que no. Si hay personas que no hubieran querido participar en el Vía Crucis de la Fe, no participen, digan que no y observen desde el lugar del espectador o desde el fiel devoto. Pero no busquen protagonismos por favor. Hagan un esfuerzo, no revienten ilusiones en unos segundos y sean valientes. Una imagen no es para la eternidad. Una escultura se desgasta y más las que están cerca de las personas. El Gran Poder, o Pasión, o el Cachorro les llegará el momento de sustituirlas porque a todo le llega su momento. Pero, por favor, no las alejen de los fieles.

Ayer se perdió una magnífica oportunidad de hacer protestación pública de nuestra fe, la de muchos sevillanos que vemos a Dios en nuestras imágenes. Algunos le echan la culpa a las hermandades que quisieron echarse a la calle, otros le replican. Yo creo que la culpa la tuvimos todos, repito todos. Por cierto, más le llovió el Viernes Santo del 2012 al nazareno de la O en el puente de Triana que la llovizna que cayó ayer.






 Juan Manuel Luna Cruz

jueves, 24 de enero de 2013

Carmen y Soledad, de nuevo, frente a frente


Pocas cosas son casualidad en esta vida. Muchas de ellas tienen su explicación y, a lo mejor, nos tenemos que remontar bastante tiempo para encontrar su porqué. Es el siguiente caso que les voy a relatar.

En la parroquia de San Lorenzo de Sevilla, se ha vuelto a ver una imagen que no se daba desde hacía varios siglos. Les detallo. Podemos encontrar desde hace unos meses, justo enfrente de la capilla de la Virgen de la Soledad, una imagen de gloria de Nuestra Señora del Carmen, con una ráfaga plateada, en una capilla al lado del cuadro de Ánimas. Pues bien, esta escultura, de alabastro, con una iconografía del siglo XIV-XV, presidía el altar mayor de la iglesia del convento Casa Grande del Carmen de la ciudad, en la calle Baños. En este mismo espacio, se encuentra ahora el conservatorio de música.

El hecho curioso se da porque, justo enfrente de la antigua iglesia del convento, atravesando un pequeño patio, se encontraba la majestuosa capilla de la hermandad de la Soledad de María (una de las cofradías más ricas de la ciudad en los Siglos de Oro), y presidiendo el camarín central del altar, se encontraba la Virgen de la Soledad, la misma que conocemos ahora porque se trata de una imagen del siglo XVI, entre el manierismo y el primer barroco, la cual ha vivido en el seno de la hermandad desde tiempo inmemorial.

Se cuenta que si te ponías en medio del patio y las puertas de ambos templos estaban abiertas, veías a un lado a la titular del convento y al otro lado la Soledad. Ese hecho ha vuelto a ocurrir gracias a la gran idea del párroco de San Lorenzo y otros miembros de la comunidad parroquial: primero de mostrarnos en toda su grandeza esta escultura de gran belleza como es Nuestra Señora del Carmen y, también, de recuperar ese encuentro entre dos vecinas, desde hace muchos siglos.





Juan Manuel Luna Cruz

sábado, 3 de diciembre de 2011

Romántico


Cuando se refieren a la Semana Santa, suelen darle numerosas definiciones y múltiples calificativos para intentar explicarla, sin embargo, después de tanto escuchar llegamos a la conclusión de que hay tantas explicaciones como personas en la ciudad. Pero cuando tocan el palo de la historia de Sevilla sobre su Fiesta Mayor, numerosos expertos de la materia, escritores, observadores inciden sobre una misma teoría: nuestra historia se refleja, como un espejo, en la Semana que muchos nos llevamos esperando todo el año. Todas las etapas aparecen durante los diferentes días, pero hay que estar atento para caer en ellas.
El año pasado visitó Sevilla una antropóloga francesa llamada Antoinette Molinié del Laboratorie d´ethnologie et de sociologie comparative de la Universidad de París, buscando esa definición más completa y que se ajuste a lo que vivimos aquí. Y se encontró con un servidor, el cual le dio la suya y no la del resto de sevillanos. Sin embargo, le gustaron unos calificativos que di a cada día de la Semana. Pienso que cada día tiene su personalidad y pueden ser resumidos en una palabra, en una frase, en un momento. En relación al Jueves Santo, lo definí como clásico ya que todas las hermandades que discurren por las rúas de la ciudad llevan impreso ese toque de clasicismo; aunque debo de decir que me equivoqué al no añadir otro calificativo más: el de romántico. ¿Por qué? Porque en hermandades como El Valle, podemos ver ese regusto por lo clásico y lo romántico. Si ustedes ven la cofradía desde la cruz de guía hasta el último músico de Tejera (que es lo que hay que hacer y no meterse por toda la cara entre la bulla), podrán ver un cuadro de García Ramos; o escuchar la ópera Margot, una composición melancólica de Turina, hecha para esta Virgen de ojos verdes; o leer una descripción elegante y sutil de Cecilia Böhl de Faber (la cual está enterrada debajo de la Iglesia de la Anunciación, en el olvidado Panteón de Sevillanos Ilustres); o recitar un poema de don Gustavo Adolfo Bécquer, entre otras cosas más que ustedes sentirán al observar detenidamente estos hermanos nazarenos de túnica morada con los altos capirotes, que recuerdan a los pináculos catedralicios o los que utilizan en el altar del septenario, y que alumbran a su paso los escaparates de Rioja, Cerrajería o Cuna. Los espejitos del paso de la Coronación reflejan este tiempo pasado, que queda en muy pocos rincones de la ciudad (uno de ellos es este), y que cofradías como ésta hacen que no se pierda. La Verónica enjuga el rostro del Dios que no quieren en ningún sitio porque parece que molesta, ya que va anunciando que a través de la entrega, del sacrificio por los demás, uno alcanza el Paraíso prometido; sin embargo, en este mundo hedonista, no interesa y es desechado por la sociedad cruel. En el palio, mientras la marcha, la suya, la de Vicente Gómez Zarzuela suena, el Dolor del Jueves Santo se va paseando. Este Valle de lágrimas que va recogiendo todos esos corazones encogidos a su paso y son guardados en sus ojos verdes, reflejo de una hermosa pradera. El romanticismo crece al verla, y la cofradía llega a su éxtasis cuando las notas finales de su marcha se van apagando como el ascua de luz y belleza se aleja y nos va dejando sin corazón porque se lo lleva ella.
Fue este adjetivo lo que se me olvidó decirle a Antoinette, romántico. Como el Jueves Santo, como el sol que refulge, como todas sus cofradías, como el amor que siento hacia ese Dolor que se lleva mi corazón.

Juan Manuel Luna Cruz