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lunes, 31 de marzo de 2014

Juan Pablo en la Estrella

Este Santo observa desde la esquina. Sin darte cuenta, entras en la capilla y te chocas con él. Él te mira desde que entras. Subido en un pequeño altar, en un sillón papal, él vive el día a día de un barrio que sigue a su Estrella. Desde su lado escondido, ve las caras de aquellos que buscan la Luz en una Cara de porcelana.

Pero ayer no se lo creía. Le habían explicado cientos de veces lo que era la religiosidad popular, e incluso, él la había vivido. Pero a este Papa ayer casi se le saltan las lágrimas. No se creía lo que se formó en torno a la Virgen de la Estrella. Colas, incienso, carritos, bebés, niños corriendo, padres, madres, abuelos, abuelas, estampitas, marchas como Pasan los Campanilleros, fotos, miradas, besos, rezos…Este Papa aprende poco a poco cómo se vive el sentimiento religioso en esta ciudad. Lo mismo hay silencios que bullas. Lo mismo hay salves a viva voz que rezos entre labios. Lo mismo hay bebés llorando que señoras mayores mirando a su Estrella. Este Santo poco a poco se va uniendo al barrio y disfruta como uno más. Ante tantas malas noticias, las cuales nos inundan todos los días; ayer Triana radiaba de alegría. Y eso lo notó este Santo que lo elevarán dentro poco a los altares. A Juan Pablo se lo han ganado poco a poco los vecinos y ya es uno más. Ayer disfrutaba observando a aquellos que fueron a ver a la Estrella y, dentro de poco, él mismo la disfrutará en su paso de palio esperando el Domingo de Ramos. 

Juan Manuel Luna Cruz

martes, 24 de septiembre de 2013

La Última Luz del Verano

Dedicado a Alberto Fraile

Si la primera luz del otoño la recibe la Amargura en el milagro de cada 19 de septiembre cuando el sol besa su cara, el último rayo del estío da a la Virgen de las Mercedes cuando sale de su capilla cada último sábado del mes citado. 
De la página web: Rafaes

La Puerta Real y la pequeña placita que antiguamente era porticada se queda pequeña cuando los rayos atronadores inundan el lugar y buscan hacer más grande la aureola de la Virgen. Es el otro milagro que nos regala el último mes del verano, donde se confunden las gentes que vuelven de las playas y las primeras hojas caídas. Son los últimos días de camisas con manga corta y abanico porque en poco tiempo se pasará a la rebequita y la chaqueta fina. El sol atraviesa las colinas del Aljarafe, busca San Laureano e ilumina el paso para que toda la calle Alfonso XII reciba la belleza de Ella.

San Vicente, ese barrio donde las calles estrechas parecen galerías de un convento entre barreduelas de naranjos, casas señoriales y balcones que casi se juntan unos con otros; dan la bienvenida un año más a su Virgen de la Ventana, a la Señorita del Museo que recibe siempre las 24 horas al que quiera hablarle a través de los cristales.

El Museo, con sus impresionantes árboles de liana, acoge la pequeña procesión, humilde pero llena de hermanos guiados por su Madre, la cual redime siempre a los cautivos, aquellos prisioneros de la sociedad, de la exclusión, del paro y de otros males que provocamos los seres humanos. Para ellos, Ella siempre va a tener una sonrisa.

La Parroquia del barrio, con su inscripción sobre el pórtico: “la casa de los pobres es la escalera del cielo”, bendecirá a su Vecina un año más. Las hermandades llenarán la puerta y el sol se despedirá para que se propague por la collación la verdadera luz que da sentido a nuestro día a día, Mercedes.

La noche caerá sobre la calle Abad Gordillo y las últimas brisas veraniegas jugarán con las esquinas en Mendoza Ríos, Redes o Plaza de Rull. Las marchas se suceden sin solución de continuidad mientras desde las casas se tiran pétalos. La procesión es como un niño, cuando sale es como un alborozo; mientras que cuando ya viene de vuelta, es más ordenada y recogida.

Los vecinos ven un año más como la Virgen de las Mercedes se les va hasta el año que viene si Ella quiere. Algunos la acompañan hasta su humilde capilla, detrás del paso, a su lado o entre el cortejo donde van los hermanos con los cirios gastados. El capataz ya tiene en su chaqueta algunos chorreones de cera. Muchas flores del paso se han quedado en el camino, en las casas donde hace falta. Si Dios y su madre no se quedaran en las casas de las personas, esto no serviría para nada.

El paso ya ha dado la vuelta en la última chicotá, la banda toca los últimos acordes. Suena el martillo. Los zancos al suelo. Mercedes se encara hacia sus vecinos y deja escapar la última luz del verano de la Ciudad de la Gracia. 

Juan Manuel Luna Cruz

domingo, 11 de marzo de 2012

Olé por Ustedes


A ustedes: Mamá, Rosario, Pepa, Dolores, Candelaria, Juana, Carmen y muchas más.

Siempre hay que mirar para atrás para entendernos y comprender lo que pasa ahora y lo que hay a nuestro alrededor. Así podremos construir un porvenir. Por eso me gusta fijarme en mis antepasados, mis ancestros para poder comprenderme e intentar parecerme a ellos como personas y hombre y mujeres de su tiempo. También, ¿por qué no? Mejorar esos fallos cometidos y construir un futuro para los míos y los que están por llegar. Si hay alguien en mi familia que nunca se ha rendido, se ha venido abajo por cualquier circunstancia y ha tirado hacia adelante a pesar de las adversidades, esas han sido las mujeres. Y lo digo como María la Yerbabuena, con la boca llena: ¡Olé, olé y olé! Olé por ustedes que cuando no teníais nada de nada, sacabais un cacho de queso y pan para vuestros hijos de debajo de las piedras. Olé por ustedes que paríais en condiciones que nadie quiere ahora y que, aunque tuvierais mil cosas que hacer, siempre había un momento para un beso en la frente para vuestro bebé y otro en la mejilla para vuestro marido. Olé para ustedes, que mantuvisteis la mirada al frente cuando tiraron a vuestros maridos a una fosa, cavada por aquellos que no tuvieron corazón. Olé porque cuando decían en tiempos más democráticos que había crisis, decíais para vuestros adentros: “Vosotros no sabéis lo que es una crisis”. Olé por ustedes que lo que os ganasteis, lo conseguisteis con mucho sudor y mucho  trabajo a pleno sol y sin títulos de privilegio ni marquesados. Olé por ustedes que aguantasteis lo inaguantable y que no tuvisteis ninguna ley que os protegiera. Olé por todo esto y mucho más.
Por eso, no os recuerdo un solo día sino todos y cada uno de mis días porque tengo vuestra referencia, la de que todos y cada uno de los días de vuestra vida luchasteis y os esforzasteis por y para vuestra familia. Esa es la gota de agua constante que acaba erosionando con el tiempo la dura piedra de la adversidad. Esa es la intrahistoria de la que habló Unamuno y que ha escrito tantas mujeres como las de mi familia.
Juan Manuel Luna Cruz