jueves, 27 de febrero de 2014

El Patio de la Vida

Patio del Centro Itálica
El patio es la infancia. El patio es la patria chica de muchas personas. El patio nos reconcilia con nosotros mismos y con los demás. Es la arquitectura perfecta para alcanzar la eternidad. Los romanos y los árabes lo adoraban. Era el punto de encuentro. Era la cercanía con lo sobrenatural. La paz, la tranquilidad, el sosiego, la naturaleza, el agua, lo verde, el color, el sonido…son algunos elementos que describen al patio. Cada persona tiene el suyo donde vuelve a esos tiempos irrecuperables donde soñábamos y nuestras preocupaciones eran mínimas.

Ahora, nuestro mundo nos ahoga entre móviles, ruidos de coches, gritos, agobios…Cuando nos reencontramos con el canto de un mirlo, el susurro del agua o el suave movimiento de las hojas de los árboles no necesitamos un paraíso, ya lo tenemos algunos aquí abajo.

El patio es la vida enfrente de tus ojos. Eres tú mirándote a ti mismo. Es la ternura de unos ojos infantes que no han sido todavía atrapados por la maldita sociedad. El niño que fuiste te pregunta si estás disfrutando de la vida como de pequeño. ¿Sigues añorando esos ojos negros llenos de Soledad? ¿Sigues corriendo entre la verdina y escondiéndote bajo las escaleras y los pasillos? ¿Evocas ese patio blanco lleno de luz que se transformaba en color naranja cuando echaba Carmelita los toldos?

El patio es el lugar donde habita el tiempo, donde miras al pasado, encuentras el presente, buscas el futuro y observas lo que pudo ser y no fue, ese último tiempo también existe aunque lo queramos omitir. Cuando nos alejamos del patio de nuestra vida, el destierro es cruel, ya que nuestra memoria escoge siempre el camino más corto para herirnos.

Ya lo dijo el poeta: “Donde nací una vez, moriré siempre”.

Juan Manuel Luna Cruz

jueves, 23 de enero de 2014

La NO industria en Sevilla

La semana pasada nos enteramos de una triste noticia como el cierre de la sede de Puleva en Sevilla por la bajada en el consumo del producto.  Esto ha llevado a los dueños de la marca a cerrar una sede, y le ha tocado a nuestra ciudad, concretamente, Alcalá de Guadaira. Llevamos ya un rosario de cierre de plantas industriales como Saimaza, Roca, Flex…, dentro de un claro plan de desmantelamiento industrial de Sevilla a la que la única respuesta posible son movilizaciones de los sindicatos que pueden o no tener una respuesta por parte de la empresa.

Foto: ABC de Sevilla
Los ERES en las empresas industriales en los últimos años en nuestra ciudad, provincia y región se multiplican y aquí, nadie hace nada. Se anuncian muchas inversiones, y muchas inversiones están entrando en la ciudad, pero…no son del sector secundario. Son relacionadas con los servicios, la hostelería y el comercio. Ningún gran industrial ha preguntado al ayuntamiento o a la comunidad autónoma por un terreno donde poder desarrollar una factoría. Y aquí, nadie se mueve por buscar algo. O al menos no aparece ninguna información acerca de ello. Nuestra ciudad ya está convertida en una gigantesca tienda, o un enorme comedor. Muchos periodistas y profesionales de la comunicación, de los que aprendo, admiro y leo, se suelen quejar solamente de los veladores y el ruido de los bares. Pero no les escucho la queja de la poca inversión en industria, ¿qué o quién los calla? ¿Por qué no se habla profundamente de la no industria en Sevilla? ¿Por qué no hay grandes investigaciones sobre la desaparición de polígonos industriales?

Es una pena muy grande que el territorio que tenemos, inmenso, prolífico, con muchas oportunidades en muchos sectores como energías renovables, investigación, alimenticia…se esté perdiendo poco a poco y se convierta Andalucía y Sevilla, concretamente, en una ciudad terciaria donde los apoyos son pocos.


Hay que dar la vuelta a la patata, hay que coger el toro por los cuernos y demostrar lo que valemos. Dar oportunidades a las pequeñas empresas para que puedan desarrollar sus actividades (pero de verdad, no dando diplomitas y golpecitos de espalda), hay que escuchar las inquietudes de las personas que salen de la carrera y no saben qué hacer, mostrarle un camino para que puedan desarrollarse como trabajador, no hay que bajarse los pantalones con el dinero, venga de donde venga. Nuestra ciudad vale mucho. Sus ciudadanos valen más. Por eso, entre otras muchas cosas, hay que defender la industria en Sevilla, potenciarla y que no desaparezca. No seamos solo corneta, tambor, capote y faralaes. 

Juan Manuel Luna Cruz

domingo, 12 de enero de 2014

El veneno tecnológico

Entre los muchos regalos que nos han traído sus Majestades los Reyes Magos de Oriente se encuentran los aparatos tecnológicos como tablets, móviles de última generación o portátiles modernos. Las torres de ordenadores fijos y los ladrillos de nokia se han quedado atrás. Ahora, lo que vende es lo ligero, dinámico, accesible, con un diseño espectacular y una velocidad nunca vista. Nuestras casas se están llenando de estos aparatos con los que trabajamos, disfrutamos de nuestro tiempo de ocio, comemos, vamos al váter y, alguno que otro, dormirá con ellos.
Estudio realizado sobre el uso de móviles y tablets en España

La realidad se está trasladando a una pantalla. No nos fijamos en lo que hay en la calle si antes no aparece como aviso en la tablet o en el tuiter. Si no tienes todos esos elementos, muchos dicen que no estás en la sociedad. Pueden tener o no razón. Yo, personalmente, no la comparto. Aparte de que pienso abiertamente y sin tapujos que nos estamos convirtiendo en borregos con este veneno que son los ordenadores, portátiles y móviles, hay que tener en cuenta otra cosa: que lo que llevamos en la mano todos los días es un auténtico peligro.

Se lo explico en primera persona. Para poder funcionar el sistema de mi móvil y de la tablet que ahora tengo, he tenido que poner mi correo y mi contraseña para que pueda activarse, es decir, los 2 aparatos funcionan con mi correo electrónico personal. ¿Y si me roban? ¿Y si le entra un virus a alguno de ellos? ¿Me tengo que aguantar y cambiar del todo todas mis cuentas?


El riesgo con el que entramos en el mundo de Internet no es conocido por nosotros. No sabemos que lo que llevamos en el bolsillo ya no es un móvil, sino un ordenador donde guardamos datos personales. El peligro está ahí y simplemente, lo aceptamos. Muchos me podrán decir que yo también uso estos aparatos (más todavía ya que mi futura profesión es asignatura obligatoria el uso de ellos), que si no participas en Internet no eres nada, que el futuro está en las redes…Todas esas razones son ciertas pero debemos tener en cuenta y valorar lo que exponemos en nuestro Feisbú y tuiter. Todo ello quedará reflejado siempre y alguien lo verá alguna vez en algún lugar del planeta. Ahí es cuando nos daremos cuenta del veneno tecnológico que nos han introducido y habrá que buscar una solución ante ello. 

Juan Manuel Luna Cruz

martes, 31 de diciembre de 2013

Cielos de diciembre

Para cielos… los de diciembre. Claros, relucientes, azules, soleados y sin nubes. Cielos azules para despedir un año gris. Un año donde nos hemos ido descubriendo cómo los hombres podemos ser más crueles, más egoístas y más intolerantes. Pero en todo ese gris, sale algo de luz a través de una sociedad que cuando se ve en el peor de los momentos, saca su lado más generoso (ahí están las recogidas de alimentos, las donaciones de sangre o la entrega diaria de muchos anónimos). 


Viendo estos cielos azules donde mueren los años y se adivinan unos nuevos, uno ve cada vez más unos seres humanos que quieren ser más protagonistas (lo que toda la vida de Dios se ha dicho el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro). Hemos conocido cómo nos manejan los poderosos a sus anchas. Hemos visto los tejemanejes en nuestras narices. Hemos observado cómo se ríen de nosotros. Y nosotros…a lo nuestro. A nuestro día a día. Al pensar solamente en el día de mañana y no en el futuro. Porque así nos han enseñado. El “así nos va” o “las cosas son como son” o “Esto es lo que hay” se nos calado como el frío húmedo se cala en los huesos. Este año que muere en los cielos soleados de diciembre ha sido el de una sociedad callada, abatida, que se ha visto desbordada y ahora entona el mea culpa algunas veces y ladra otras en las barras de las tabernas. 
Quiero pensar, deseo pensar, creo pensar que el nuevo año sea de levantarnos. Pero no contra los gobiernos, los banqueros, los poderes fácticos y los ocultos. Primero, seamos capaces de levantarnos contra nosotros mismos. Contra nuestro pesimismo, nuestra avaricia y nuestro ego. La ceguera que nos cubre nos ha hecho olvidar al que está al lado nuestro. Espero que estos cielos azules nos quiten la venda de los ojos, nos limpien el corazón y hagan que seamos, al menos, un poquito mejores en este año que entra.


Feliz 2014.

Juan Manuel Luna Cruz

viernes, 13 de diciembre de 2013

Una sociedad paranoica

-¡Bernardo! ¡Cuánto tiempo! Creí que te había pasado algo.

Bernardo cazado in fraganti mirando al horizonte
-Que va Juana, digamos que hemos sufrido una especie de ERTE en nuestras carnes perrunas…

-No bromees con esas cosas, que hay mucha gente sufriendo.

-Vale, pero entonces, ¿no podemos bromear con nada? Porque las cosas están para llorar o para partirse de risa. Y yo, personalmente, me decanto por la segunda.

-Sí, pero si tienes a alguien al lado que lo está pasando mal, no vas reírte en su cara, ¿no?

-Anda que tú expones unas situaciones… ¡pues claro que no me río en la cara de alguien que lo está pasando mal! Pero a esto hay que ponerle de vez en cuando buena cara porque si no caemos en la resignación, y ahí, en ese momento, es cuando nos pueden manejar.

-¿Quién nos puede manejar si estamos en la resignación?

-Pues los de siempre Juana, los que mandan, no me pidas nombres, caras o descripciones, pero siempre lo digo y nunca pararé de decirlo, somos unos títeres y cuando ya nos rendimos del todo, hacen con nosotros lo que quieren. Estos sujetos tratan a las personas y a la sociedad como les antoja y nos hacen caer en una paranoia colectiva que nos vuelve majaretas.

-¿Estás hablando de que la sociedad se ha vuelto paranoica?

-¿Y quién lo niega Juana? Dime quién. A lo mejor en un primer momento, al que te dicen que estás paranoico es a ti, pero te digo, fíjate la situación cómo es ahora: desde que naces, ya tienes que hacer unos deberes impuestos por la sociedad porque si no estás fuera de ella. Aparte de eso, la familia donde hayas nacido o el lugar donde hayas caído ya te sitúa en una posición por lo que moverte por el mundo va a ser más o menos difícil; después, con la puñetera crisis, tienes que saber de todo y de nada, es decir, tener una carrera, un máster, un doctorado, 5 idiomas, haber hecho 300 cursos, 10 años de experiencia trabajando para que luego te asignen un puesto donde te sirvan 2 o 3 cosas como mucho de lo que sabes; después tendrás que hacer un esfuerzo ingente para poder quedarte en ese puesto porque te han asignado como práctica y si no estás a gusto te dicen que hay 500 detrás de ti. Luego, hay que estar atento a aproximadamente a 10 millones de cosas al mismo tiempo: Twitter, Facebook, guasap, correo electrónico, tele, radio, páginas web y, entretanto, ¿dónde metemos a la familia? ¿a los amigos? ¿a un pequeño rato con ellos? ¿a una cerveza con los compañeros después del trabajo? ¿a un rato con las abuelas, con los sobrinos, con los titos? Ahora no, ahora hay que ser perfecto para que si eso, la maldita sociedad te acepte.
Juana intentando escabullirse

- Cierto Bernardo. La situación es paranoica. Pero cada uno tiene que hacer unos deberes para recibir unos derechos. Lo que dices de una carrera, un máster, 5 idiomas…es cierto, pero todo eso es el camino para la meta que quieras conseguir. Aquí, una de las pocas cosas que se cumple es el tiempo. Y el tiempo suele recompensarnos por nuestro esfuerzo. A lo mejor, no es todo lo que queríamos. Pero los caminos de la vida son torcidos. Las ansias de querer todo tan temprano nos pueden a todos, pero si un día no estamos atentos a todas las noticias que pasan a nuestro alrededor, pues que se vayan a hacer puñetas. El que mucho abarca, poco aprieta.

- Ya, pero eso al final solo se queda en la teoría. Me gustaría que esta sociedad aprendiese a valorarnos tal y como somos y no pidiéndonos todos los días lo del infinito y más allá.


- Sin embargo, Bernardo, tampoco nosotros podemos quedarnos dormidos en los laureles. Tenemos que querernos a nosotros mismos y valorar todo lo que escuchamos, vemos, observamos, conocemos y adentrarnos para conocerlo mucho más. Si no, seremos unas meras máquinas de manejar tuiter o guasap a la que un día le preguntarán por quién era Napoleón o qué pasó en el año 1978 en España y no sabremos contestar. Ahí es cuando nos manejarán.

Juan Manuel Luna Cruz

martes, 10 de diciembre de 2013

Caravaggio en San Vicente

La noche está acabando. Las cofradías del Lunes Santo ya están volviendo a sus templos. Se nota cómo la gente va huyendo de la oscuridad. Solamente las luces de los cirios, las ascuas de los palios y la luna creciente vencen a las sombras que inundan la ciudad.

Sin embargo, para el pintor es el escenario perfecto. El espacio idílico donde crear su obra de luces y sombras. Con su lápiz y su cuaderno, el artista pasea desde la puerta de la parroquia de San Vicente calle arriba a través de Cardenal Cisneros y Virgen de los Buenos Libros. Cuando solo avanza unos pasos, se encuentra a la Cruz de Guía y los dos faroles que la acompañan. Se coloca delante y realiza los primeros trazos de los ángulos por donde aparece y desaparece la luz. Él busca un punto donde nazca una luminaria y pueda desarrollar desde ahí toda la escena.


Se levanta la Cruz y la Cofradía avanza. El rúan moldea las ondas que busca el artista para luego trasladarlo a sus cuadros barrocos. La calle está tranquila hasta que llega el Señor de la Penas. El público acompaña en silencio el paso. La música de capilla, las pocas órdenes del capataz, el racheo de los costaleros o el crujido de las maderas son los únicos elementos que dan sonido al ambiente. El pintor se lamenta de no poder meterlos en su cuadro. Sin embargo, los reflejará para que el espectador sueñe con lo pintado. El artista siempre intenta buscar en una escena algún punto que introduzca a quien está viendo la pintura en ella. Aquí no hace falta. Es la cara del Señor la que nos atrae con su infinita gravedad. El Señor nos busca con su mirada para pedirnos que le ayudemos y que, al mismo tiempo, ayudemos al resto de nuestros hermanos que están pasando por esta calle de la Amargura tan larga.

Mientras que el paso está detenido, toma algunos apuntes de los colores y las formas del Señor: la corona de espinas, sus ojos que se posan en cada persona que le mira a la cara, la mano que abraza la cruz, la que se posa sobre la tierra, el pie que se escapa de su túnica…Mientras que el pintor dibuja, el paso se levanta y se marcha hacia San Vicente.

De la página web: Rafaes
El cortejo sigue avanzando y de lejos se escuchan los acordes de la banda. Poco a poco, se va adivinando el palio por los sonidos de las caídas que chocan con los varales. La Virgen de los Dolores se aparece en medio de un ascua de luz que alumbra su pena y se dirige, como su mirada, hacia el cielo. El artista ha visto su cenit, lo que él buscaba, lo que él pretendía enmarcar para la posteridad. El palio de la Virgen se mueve con mesura y medida. Aquí no bailan los pasos, aquí se mecen. En los dibujos a lápiz se recogen los movimientos sublimes de esta belleza. Cuando encara la puerta de la parroquia, del interior del templo también emana la luz que busca el pintor. Desearía él detener el tiempo para poder pintar eternamente este momento. Sin embargo, él mismo reflexiona y piensa que lo efímero es lo que vale y lo que perdura para siempre.

Cuando llega a casa, no puede descansar. Las ansias le llevan a enfrentarse con los pinceles y el lienzo y plasmar la cara del Dios caído que te busca con su mirada para ayudarlo a levantarse y la Madre que implora a los cielos por el sufrimiento de su Hijo. El artista busca la luz, busca la sombra, hace que la primera nazca de un punto para buscar a la verdadera Luz que ilumina nuestras vidas: Jesús de las Penas y su Madre de los Dolores. 

Juan Manuel Luna Cruz

lunes, 4 de noviembre de 2013

Noviembre

                                         Foto: reinadetodoslossantos.blogspot.com

No sé por qué, pero a un servidor le da la sensación que la estación que más le gusta a los sevillanos después de la primavera es el otoño. No sé por qué, pero se palpa en el ambiente, en las caras de las personas, en los gestos…Disfrutamos con este tiempo tan triste para algunos y tan bello para otros. Dentro de esta época del año, que es de espera porque aquí vivimos siempre en vísperas, noviembre es el mes de transición entre el inicio del período con las primeras lluvias el día del pilar y los últimos coletazos cuando las Esperanzas de la ciudad bajan de sus camarines y de sus altares para que les besemos las manos, aquellas que cobijarán al Señor que nacerá en Nochebuena. Noviembre, en general, es un mes rutinario, como de pasada, con apenas fiestas, relacionado directamente con los difuntos, con los que ya no están con nosotros y que nos cuidan desde los cielos. Un mes donde los atascos parecen que provocan, con el humor de las gentes, ese cielo plomizo unido a esa fina lluvia, que moja la gabardina con la que nos cubrimos muchos, con la que vamos divagando por la ciudad que nos vio nacer. El frío ya llega a los huesos y comenzamos a preparar las copas de cisco y de alhucema en los hogares, debajo de las mesas de camilla donde la familia se sienta para reírse un rato y contar las penas.

Sin embargo, este mes tiene un encanto especial, la ciudad tiene una luz diferente, que no brilla tanto como el Domingo más esperado del año, que no tiene tanta fuerza como la mañana que huele a juncia y romero, que no se levanta tan temprano para ver una cara tan hermosa atravesar la Puerta de los Palos un día de agosto…pero, un humilde servidor tiene la corazonada de que este tiempo nos gusta. Lo descubre cada año en el barrio, en la plaza y en los puestos; noviembre es especial. Mientras le llevamos a los que ya no están flores al cementerio, mientras la vida es una rutina en todas las calles: los niños al colegio, las compras en la calle de la Feria y en la de Amargura… algo se nota dentro de la parroquia que hace que el mes sea más bello en la collación. El centro del barrio (que es la parroquia, aunque haya otros que digan lo contrario, porque no hay otro lugar que aglutine a tantos vecinos), prepara sus fiestas para su Reina y patrona.

El imponente paso ha llegado desde la casa de González Cuadrado, el coro retumba todas las tardes y se escucha hasta desde el improvisado puesto de castañas colocado en la entrada del templo, el incienso llega hasta el techo mudéjar y a todos los rincones de esta iglesia que tanto ha vivido, el baldaquino se encuentra lleno de cera y flores rodeándola y las gentes van llegando con sus abrigos y rebecas para estar con Ella. Después de mirar las caras de mis vecinos y de aquellos que ya no viven en el barrio, pero vienen a verla todos los años, me doy cuenta de quién nos alegra e ilumina cada mes de noviembre en la calle de la Feria (al resto de la ciudad todavía no lo he descubierto). Ella es, como su nombre indica, nuestra Mediadora en estos tiempos tan complicados que nos ha tocado vivir y siempre está a nuestro lado intercediendo por nosotros ante su Hijo, que lo arropa en sus brazos. Es la Reina de Todos los Santos.

Juan Manuel Luna Cruz