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jueves, 15 de noviembre de 2012

Fiesta Mayor: El Derbi de la guasa


Siempre se suelen referir como Fiestas Grandes de nuestra ciudad a la Semana Santa como la primera, luego viene la Feria, el Corpus y se ha añadido hace poco la Cabalgata de Reyes Magos del Ateneo. Sin embargo, a mí personalmente, me gustaría añadir otra más al almanaque: el derbi Sevilla-Betis.

-Anda ya Manolo, si mucha gente no va al fútbol, o no le gusta, o piensa que está muy deteriorado este partido por la violencia que suele haber en él…

Es cierto todo lo que se dice, pero todo puede mejorar y convertir este encuentro en un gran acontecimiento para Sevilla. Puede haber gente que no le guste (muchas personas no aguantan la Semana Mayor), desconozcan cómo se celebra el derbi entre los sevillanos (el Corpus es una fiesta totalmente olvidada), y así, podemos enumerar unos cuantos párrafos más de argumentos en contra de nombrar este hecho como fiesta grande de la urbe.

Pero hay otros elementos que nos acaban influyendo, ¿quién no está atento a la radio, a la tele o a internet durante o después del partido?, ¿quién no tiene nadie en su familia o entre sus amigos que no sea aficionado a uno u otro equipo?, ¿quién no puede evitar hablar en algún momento de la semana de antes o de después del partido? Estas son algunas cuestiones en contra de las anteriores. Lo mismo que todos tenemos alguna historia, directa o indirecta con el Gran Poder (no se me mosqueen por meter al Señor en estos lares), también tenemos alguna historia, directa o indirecta, con el Betis o el Sevilla. Todos tenemos alguna fibra de nuestro cuerpo que es verdiblanca o rojiblanca. Todos nos hemos parado a mirar en algún momento de nuestras vidas el estadio del equipo del cual nos han hablado nuestros mayores.

Lo que puede suceder es que el fútbol se haya “cafreado” en las últimas décadas. Los aficionados se han convertido en hinchas y los hinchas, en ultras. Lo ultra, lo radical siempre suele acabar mal. Con violencia. Y en eso se ha convertido el deporte más seguido del país. Los insultos se aclaman en los coliseos del siglo XXI. Nos volvemos auténticos salvajes porque el que controla en el campo no ha pitado un penalti o no ha expulsado al jugador tal o cual.

En los derbis, la cosa está aún más calentita. Por eso, no vayamos a la violencia. Para eso, nosotros, los sevillanos, tenemos la fina y fría guasa. Cortante cuando queremos. Provocadora cuando deseamos. Ingeniosa como ninguna. Tenemos para rato, hasta el próximo derbi.

Pido que la guasa reine en todos los verderones y palanganas durante estos días y que el partido sea una auténtica fiesta, como las grandes de la ciudad, las que colapsan y hagan parar 90 minutos el reloj de nuestro tiempo. 

Gol de Beñat en el último derbi Sevilla-Betis, con una barrera a la flamenca
Foto del blog: prismaverdiblanco.blogspot.com

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Afición a tus colores


El otro día se presentaba el libro de don Nicolás Salas, fantástico historiador sevillano, sobre la riá que produjo el Tamarguillo en el año 1961 y sus devastadoras consecuencias sobre la ciudad de Sevilla. Una curiosa foto que aparece estos días en varios diarios hispalenses que recomiendan el trabajo de Salas es la de un Benito Villamarín inundado hasta arriba y convertido en una auténtica piscina, es decir, con el agua al cuello.
 Podríamos hacer un símil y una metáfora al mismo tiempo relacionándolo con el presente y con la situación que vive el Real Betis actualmente. Una derrota tras otra, una empresa que está en medio de un concurso de acreedores, un equipo con jugadores de la pasada temporada de segunda división, con un par de fichajes actuales y con menos dinero que los bancos. Sin embargo, la afición no se cansa. Es exigente, pero fiel. Sigue confiando a pesar de los pesares en su entrenador Pepe Mel y en sus jugadores, tanto veteranos como canteranos, y en su disposición y compromiso ante los partidos. Ya sabemos que estamos en primera, pero tenemos lo que tenemos y hay que apechugar (o como dicen en la amada Cádiz, hay que mamar). Pero lo que más me gusta de mi Betis (por si lo dudaban, es mi equipo) es su gente. Es su gracia y su guasa. Es su coraje ante los desafíos y las desgracias; y el no abandonar sus colores aunque esté el club en primera provincial. Esa gente que se gasta sus 200, 300, 400 euros en su carné durante el verano, que va un domingo sí y otro no a ese campo, pradera verde al final de la Palmera, a sufrir (porque en el Betis se sufre hasta el final, aunque vayamos ganando 3-0), a cantar un gol, a recordar aquello a los del otro equipo de la ciudad de que antes de que San Fernando reconquistara la ciudad, ya se cantaba Viva el Betis (del añorado Silvio el Rockero) o antes de que en Inglaterra se jugase el fútbol, se gritaba que Viva el Betis (como dice el célebre azulejo del bar La Primera del Puente en la calle Betis, miren que casualidad). Esa marea que lleva esos colores tan bellos llenos de esperanza y paz (verde y blanco, respectivamente) y que hacen que nos llenen de ilusión todos los domingos.
Mucha gente dice que el fútbol saca nuestro lado más salvaje, nos volvemos animales gritando, bebiendo, insultando…yo diría que en 90 minutos nos saca el lado más humano que tenemos, pasamos por todos los estados posibles: ilusión, esperanza, miedo, alegría, pena, tristeza…todos los que se pueden imaginar en algo más de hora y media. Y más en esta afición luchadora, de toda la vida, que vence todas las adversidades, y que como dicen los Supporters, es presa de tus trece barras, Betis.

Juan Manuel Luna Cruz